El caso Rojadirecta, o cómo el que rompe (de momento) no paga

Hace más de año y medio, concretamente el 1 de febrero de 2011, nos desayunábamos con la noticia de que Estados Unidos había bloqueado en todo el mundo el acceso al dominio rojadirecta.org. Un día después, el secuestro se extendió a su “hermana” rojadirecta.com. Al introducir en nuestro navegador cualquiera de las dos direcciones, podía verse un aviso similar al que ilustró las crónicas del cierre de Megaupload.

El motivo de dicho bloqueo es que a través de dichos portales se enlazaba a otras páginas a través de las cuales se podían ver distintos eventos deportivos por streaming. Según la Fiscalía, la actividad de enlazar constituía un delito contra el copyright de los titulares de derechos de los partidos retransmitidos.

Puerto 80 Projects, S.L.U., titular de los sites objeto del bloqueo, intentó contactar repetidamente con la oficina del fiscal. Finalmente, en mayo de 2011, el Gobierno le ofreció la devolución de los dominios a cambio de que Puerto 80 introdujera medidas tecnológicas con el fin de que no se pudiera enlazar a ningún contenido de Estados Unidos desde cualquiera de sus páginas. Dejando aparte el nada despreciable coste de esa clase de medidas, está claro que las mismas impedirían otro tipo de conductas plenamente lícitas por parte de los usuarios. Motivo por el que Puerto 80 decidió plantar cara en los tribunales.

El fundamento del bloqueo consistía en que, aparentemente, el mero enlace a contenidos protegidos por el derecho de autor era constitutivo de delito. Ese fue el primer error de fondo de la Fiscalía, ya que un enlace es un mero dato fáctico, una indicación que le dice al ordenador “eso que buscas está en ese otro sitio”. Hay, sin embargo, quien asemeja el enlace a la comunicación pública, pero esa es otra discusión para otro día. El segundo error de base fue la falta de comprobación. Es decir, sabiendo que Rojadirecta enlazaba a otras páginas web, no se aportó ningún tipo de prueba que demostrara que los titulares de las páginas enlazadas, que eran las que efectivamente estaban emitiendo en streaming, eran los mismos que los de Rojadirecta.

No me hubiera extrañado que Puerto 80 hubiera ganado en los tribunales gracias, en su mayor parte, a estas faltas de diligencia. Sin embargo es el propio Gobierno de los Estados Unidos el que se ha echado atrás:

El Gobierno respetuosamente envía esta carta para informar a la Corte que, como resultado de cierta jurisprudencia reciente en la que se plantean cuestiones que afectan al escrito de acusación anteriormente referido, y a la luz de las circunstancias particulares del presente litigio, el Gobierno trata ahora de desistir de su petición de confiscación. La decisión de solicitar la desestimación del presente caso favorecerá la economía judicial y servirá a los intereses de la Justicia [traducción libre].

Entre esa jurisprudencia más reciente al respecto, cabe destacar el caso Flava Works vs. myVidster PI, que enfrentaba a una productora de pornografía gay (Flava Works) con un portal en el que los usuarios compartían y recomendaban enlaces a los vídeos en cuestión. En la sentencia, el Juez Posner no negaba que los usuarios se estaban “saltando la valla” para ver los vídeos sin pagar, pero argumentaba que mientras los usuarios no hicieran sus propias copias, no infringirían el copyright de la productora.

El Juzgado ya ha ordenado que se devuelvan los dominios “.com” y “.org” a Puerto 80, aunque a día de hoy ambos aún redirigen a rojadirecta.me. La titular de los portales ya ha iniciado acciones legales contra el Gobierno de Estados Unidos, y con razón. Para empezar, como explica con su habitual criterio Jorge Campanillas, dado que los servidores se encontraban fuera de su territorio, han ido contra los registries que otorgan los nombres de dominio.  Esto, en la práctica, supone dirigirse directamente al ICANN y, por ende, la jurisdicción sobre una gran parte de lo que hoy conocemos como “internet”.

logo ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers)No voy a defender desde estas líneas que el ICANN no esté sometido a ninguna clase de control en esta Tierra, pero esta no es la primera ocasión en la que Estados Unidos se comporta como un abusón de patio de colegio imponiendo su legislación a todo el mundo. ¿De qué sirven nuestras leyes, procedimientos y garantías, si luego se hace la voluntad del estado que aloje a las empresas e instituciones que sustentan la red? Por ello espero que las pretensiones indemnizatorias de Puerto 80 se vean satisfechas. Al menos, en una parte lo suficientemente grande como para servir de advertencia. En caso contrario se daría la impresión de que un gobierno puede, cuando le venga en gana, cerrar cualquier web para todo el mundo durante más de año y medio, sin ningún tipo de consecuencia por las pérdidas económicas generadas.

Este caso dio que hablar en España, no sólo porque nos guste ver fútbol gratis (que también), sino también porque el Auto 364/2010 de la Audiencia Provincial de Madrid, referido entre otros a Rojadirecta, ya había considerado que el enlace a contenidos no es constitutivo de delito. Además, por aquel entonces estaba pendiente de aprobación la Ley Sinde-Wert, principalmente dirigida contra los sitios de enlaces. En este sentido,  recomiendo la lectura de un post de David Maeztu, acerca de la posibilidad de que el titular de los derechos se dirija contra un proveedor de servicios de la sociedad de la información (arts. 17 LSSI y 138 LPI).

Anuncios

¿Coarta Twitter la libertad de expresión?

Logo oficial de TwitterA estas alturas supongo que todo el mundo se habrá enterado del revuelo montado a partir de la supuesta “censura” de Twitter. Las quejas empezaron a raíz de un artículo publicado en el blog oficial de dicha red social el jueves 26 de enero (actualizada al día siguiente para aclarar cualquier tipo de duda), pero para entender completamente la situación actual es necesario conocer la historia desde el principio. Justo hace un año, el 28 de enero de 2011, Twitter publicaba en su blog oficial un artículo titulado “Los tweets deben fluir“, del que extraigo los siguientes fragmentos (la traducción y la negrita son mías):

Casi todos los países están de acuerdo en que la libertad de expresión es un derecho fundamental. Muchos, además, consideran que dicha libertad conlleva ciertos límites y responsabilidades.

En Twitter hemos identificado nuestros propios límites y responsabilidades. Hay tweets que eliminamos, como tuits ilegales y spam. Sin embargo, intentamos aplicar estas excepciones de manera restrictiva para que sirvan a una regla más amplia e importante: nos esforzamos por no suprimir tuits en base a su contenido. Para más información sobre lo que admitimos o no, por favor visita nuestra página de ayuda.

Seguimos trabajando por la transparencia cuando eliminamos tweets por razones legales. Remitimos todas las notificaciones de retirada por copyright a @chillingeffects, y ellos están tuiteándolas en estos momentos desde @ChillFirehose. Continuaremos incrementando nuestra transparencia en este sentido, y te invitamos a que nos transmitas tu opinión si crees que no hemos alcanzado nuestros objetivos en lo que a libertad de expresión respecta.

Hasta aquí todo normal, ¿no? Nuestra libertad y nuestros derechos tienen límites, incluso los fundamentales. Cuando dos derechos fundamentales entran en conflicto decidir cuál prima es, en la mayoría de las ocasiones, una decisión que ha de tomar el Juez tomando en consideración las circunstancias del caso.

Nadie ha protestado cuando, por ejemplo, Twitter ha cumplido con las leyes eliminado tuits con enlaces a pornografía infantil. Repito: es bueno que haya cierto control sobre el ejercicio de la libertad de expresión. Pues bien, hace dos días y de nuevo en su blog oficial, Twitter anunciaba cambios en su política de eliminación de contenido (de nuevo, la traducción y la negrita son mías):

Dado que seguimos creciendo internacionalmente, entraremos en países que tienen diferentes concepciones sobre los contornos de la libertad de expresión. Algunos difieren tanto que no podremos establecernos allí. Otros son similares pero, por razones culturales o históricas, restringen ciertos tipos de contenido como Francia o Alemania, que prohíben la apología del nazismo.

Hasta ahora, sólo podíamos cumplir con los límites de esos países eliminando el contenido de forma global. A partir de hoy, tenemos la capacidad retroactiva de retener el contenido de los usuarios en un país específico, mientras lo mantenemos disponible para el resto del mundo. También hemos diseñado un procedimiento para comunicar con total transparencia a los usuarios qué contenido es retenido y por qué.

(…) Como parte de dicha transparencia, hemos ampliado nuestra colaboración con Chilling Effects para compartir esta nueva página, http://chillingeffects.org/twitter, que facilita el encontrar noticias relacionadas con Twitter.

Encontraréis más información en nuestras páginas de ayuda, tanto en nuestra Política como en vuestra Configuración de Cuenta. (…) Los tweets deben seguir fluyendo.


Inexplicablemente, empezaron a aparecer todo tipo de quejas
. Que si a Twitter no le importa la libertad de expresión, que si se ha vendido a sus nuevos accionistas árabes, que tendría que irse de los países que lo censuren, que estaba doblegándose ante China a cambio de más cuota de mercado como hizo Google en su día, que sin un Twitter como antes no veríamos más primaveras árabes… También nació una iniciativa para no hacer uso de la red social durante las 24 horas del día de hoy, bajo el hashtag #TwitterBlackOut. Desde aquí quiero felicitar el compromiso de todos los activistas que están aguantándose las ganas de tuitear en estos momentos (reconozco que yo no he podido resistir la tentación), aunque creo que lo que de verdad va a cambiar esta “grandísima injusticia” es la petición de Actuable.

Ballena de error de TwitterIronías aparte, lo más preocupante de todo es ver a tantos y tantos periodistas, tan sensibles a la hora de blandir la libertad de expresión como desganados a la hora de contrastar y documentarse con un mínimo de rigor, publicar sin ningún rubor titulares como “Twitter corta sus alas“. Incluso Reporteros Sin Fronteras emitió un comunicado mostrándose “muy preocupada por la decisión de Twitter de cooperar con la censura“. En realidad, hoy la censura en Twitter es menor que ayer.

Twitter no controla los tweets antes de su publicación al considerar que es algo inviable a la par que poco deseable. Pero eso no significa que estén exentos de cumplir con las leyes de aquellos países en los que operan. La alternativa es el cierre, y no siempre hace falta que haya un juez de por medio para dar problemas a empresas de este tipo. Como dice Ricardo Galli: “Es muy fácil reclamar que otros se jueguen su empresa y no acaten las leyes de los países donde están presentes, para que nosotros no tengamos que molestarnos ni en buscar un proxy. No me refiero sólo a Irán o China (donde esos gobiernos directamente impedirían el acceso a Twitter, en vez de recurrir a procedimientos judiciales o de notificación), incluso a países como España, donde ni hace falta un juez para poner en aprietos legales a Twitter. ¿Qué deberían hacer cuando reciban una notificación de la Comisión SindeWert? ¿Ignorarla o hacerle caso? ¿Irse de España? ¿Eliminar completamente esos tweets en vez de dejarlos accesibles en otros países donde no es ilegal poner un enlace? (como China, por ejemplo)“.

Una de las quejas más razonables que he podido leer es que, si diseñas una herramienta para la censura estado por estado, los gobiernos empezarán a usarla. Sin embargo, conviene recordar que los países que más trabas ponen a la libertad de expresión hace muchos años que saben perfectamente cómo hacer uso de su soberanía a tales efectos. Por poner un ejemplo, ¿alguien se acuerda de los problemas que tuvo RIM en Oriente Próximo?

Lo que sí debemos hacer los usuarios de Twitter es permanecer vigilantes a través de Chilling Effects. Si Twitter empieza a obedecer órdenes judiciales y a restringir el acceso a tweets que alaban el sabor de la vaca asada en India, o que critican a  Kim Jong Un en Corea del Norte, queremos saberlo inmediatamente. Sobre los modos de saltarse las restricciones y leer los tweets aún no se sabe demasiado, pero cabe la posibilidad de que puedan evadirse usando un proxy como Tor o, símplemente, cambiando el país en tu perfil. En cualquier caso, no hay que olvidar que los amigos de la censura no trabajan en Twitter, y que es absurdo achacarle a cualquier empresa o persona que cumpla con las leyes; las mismas leyes, por cierto, que todos estamos obligados a cumplir.