La compensación equitativa por copia privada a cargo de los Presupuestos Generales del Estado es algo “transitorio”.

Carlos Guervós

Fuente: Nacionred

A mediados de mes tuvo lugar en Madrid el II Congreso Internacional de Propiedad Intelectual. Una de las intervenciones más esperadas fue la de Carlos  Guervós, Subdirector de Propiedad Intelectual del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Guervós fue el encargado de explicar desde el punto de vista del Ministerio el profundo cambio que ha sufrido en España la configuración de la compensación equitativa por copia privada (en adelante, e indistintamente, “canon”). Comento a continuación las principales ideas de la ponencia.

El Ministerio lleva “analizando y reflexionando” sobre el canon desde que se conoció la sentencia del caso Padawan, a finales de octubre de 2010. En opinión del MECD, dicha sentencia exige una armonización urgente de la regulación al respecto. Año y medio de reflexión para llegar a la conclusión de que es mejor que nos lo den todo regulado desde Europa; en fin…

Se sustituye “transitoriamente” el sistema antiguo por uno similar al que hay en Noruega desde 2005. El procedimiento de pago se establecerá por Real Decreto, en función del perjuicio efectivamente causado. El nuevo sistema, por tanto:

  • “Mantiene la legalidad”: sólo faltaba; no se puede eliminar el canon y mantener la excepción por copia privada…
  • “Debería conllevar una disminución de los precios” de los dispositivos y soportes de copia. Yo, sin embargo, no veo que los precios hayan bajado mucho…
  • “Elimina los gastos de recaudación”: puestos a buscar ventajas, esta es una que siempre suena bien (y más en tiempos de crisis económica).
  •  Tan sólo aumenta las cantidades a pagar por las Administraciones Públicas, que “ya abonaban una parte de esa recaudación”. Desgraciadamente, desde el Ministerio parecen olvidar que el 99,99% de lo que venían abonando, lo hacían de manera no conforme con la Directiva 2001/29. Los dispositivos y soportes “no se han puesto a disposición de usuarios privados”, y “están manifiestamente reservados a usos distintos a la realización de copias privadas”.

Con este nuevo sistema se espera que se deje de cuestionar el sistema anterior de compensación equitativa por copia privada, tanto por los ciudadanos como por parte de los Tribunales. Sí, yo también creí que lo había oído mal, pero por lo visto el que los Jueces apliquen la ley con independencia y cuestionen la legislación que emana del Gobierno, es un problema a resolver…

Guervós concluyó diciendo que se busca un control administrativo eficaz, transparencia máxima, y que “se está trabajando” en la cuestión. Tras su intervención se dio paso al turno de preguntas y debate. Resumo a continuación las más relevantes:

¿Cuándo se va a tener la primera versión del nuevo Real Decreto? ¿Quién va a pagar este impuesto? ¿Los productores de equipos y dispositivos, el público general…?

Aún habrá que esperar un poco, los tiempos de elaboración de las normas son los que son. No se trata de un nuevo impuesto, es un pago que saldrá de los Presupuestos Generales del Estado. El nuevo sistema mantiene el límite y la obligación de compensar, pero hace que el Estado sustituya a los antiguos deudores de la obligación (fabricantes e importadores).

¿Qué va a pasar con las cantidades relativas a las copias realizadas durante estos meses, teniendo en cuenta que a fecha de hoy los titulares de derechos no están cobrando?

Tras la entrada en vigor del Real Decreto–Ley no se han dejado de efectuar copias privadas, y ese daño causado a los titulares se va a compensar.

 Se pretende que este nuevo sistema sea transitorio, pero ¿cómo de transitorio? ¿Cuánto se estima que va a durar?

Lo más deseable sería una solución armonizada. También es posible que este sistema transitorio no sea tan malo… Estamos mirando a Bruselas, y mientras los Estados miembros sólo podemos poner parches.

La supresión de la copia privada, ¿suprime el art. 25 LPI al completo, o sólo el sistema de determinación de la compensación?

El Real Decreto-ley 20/2011 no suprime el art. 25 LPI, que sólo queda derogado en la medida en que sea contrario al mismo.

 ¿Qué significa que para calcular la compensación se tomará como base el daño causado, cuando la primera debería ser equivalente al segundo?

Significa no compensar daños mínimos, que la compensación sea adecuada, distinguir entre copia analógica y digital, tener en cuenta las eventuales medidas tecnológicas de protección…

¿Se han realizado ya estudios para estimar el perjuicio efectivamente causado? ¿Hay datos sobre la bajada efectiva de precios de los soportes?

Se está esperando a ver cuál es el tamaño exacto de la hucha para calcular el perjuicio [vamos, que el perjuicio efectivamente causado no depende de la cantidad de copias privadas, sino de cuánto dinero hay disponible]. En cuanto al precio final de los dispositivos y soportes, desde el Ministerio se entiende que han de bajar, pero no se ha comprobado expresamente.

Conclusiones:

Este sistema a la noruega es un mal parche que intenta arreglar la tremenda chapuza que se hizo en su día. Se vio en el canon una oportunidad para compensar las pérdidas por piratería y se gravaron los dispositivos y soportes de manera indiscriminada. Tal y como nos confirmó el TJUE, eso es algo contrario a la Directiva 2001/29.

Bucky el Tejón Universidad de WisconsinEstablecer el canon a cargo de los Presupuestos Generales del Estado desnaturaliza una obligación esencialmente civil, acercándola peligrosamente al ámbito de las obligaciones tributarias.

En los próximos meses se realizará un estudio para determinar el perjuicio efectivamente causado a los titulares de derechos, pero no antes de saber de cuánto dinero se dispone. Desde aquí sugiero que se lo encarguen a la Universidad de Wisconsin, que cuenta con una amplia experiencia en esta clase de investigaciones serias y rigurosas.

Finalmente, tengo curiosidad por saber qué pasaría si se vuelve a plantear una cuestión prejudicial ante el TJUE. De momento los titulares recibirán menos dinero, los fabricantes e importadores aún están intranquilos, y la doctrina es tremendamente crítica (con razón). Se trata, en definitiva, de un cambio que ni despeja las principales dudas ni ha dejado a nadie contento.

Crónica del II Congreso Internacional de Propiedad Intelectual

El pasado viernes 18 de mayo tuvo lugar en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el II Congreso Internacional de Propiedad Intelectual. El evento está organizado conjuntamente por dicho Ministerio y por el Master en Propiedad Intelectual de la Universidad Autónoma de Madrid, y tuvo como tema “La compensación equitativa por copia privada en España y en la Unión Europea. Nueva regulación y perspectivas de armonización”.

Fuente: MAPI

Fuente: MAPI

El congreso fue inaugurado por el Secretario General Técnico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, José Canal Muñoz, que centró su exposición en la nueva configuración de la compensación equitativa por copia privada (en adelante “canon”).

Se trata de un sistema inspirado en el Noruego, que persigue compensar a los titulares de derechos en función del perjuicio efectivamente causado por los usuarios (un carácter equitativo que, a ojos del TJUE, no podía afirmarse del antiguo sistema de compensación). La principal novedad es que dicho canon se abonará a los titulares de derechos con cargo a los presupuestos generales del Estado, lo que no deja de plantear nuevas dudas sobre el carácter efectivamente equitativo de la compensación.

Fuente: UAM

Fuente: UAM

A continuación tomó la palabra Fernándo Molina Fernández (decano de la Facultad de Derecho de la UAM), para augurar una futura homogeneización de los sistemas de compensación equitativa por copia privada.

En su opinión, el acercamiento entre las distintas legislaciones es una cuestión de tiempo, de forma análoga a lo sucedido en las últimas décadas respecto del Derecho penal (su especialidad): hoy en día los tipos delictivos, las penas asociadas, las circunstancias eximentes y agravantes… son muy parecidos en la mayoría de países de nuestro entorno.

Pilar Cámara Águila (Universidad Autónoma de Madrid)  expuso con claridad cómo la primera regulación de la compensación equitativa por copia privada ha sido dinamitada por la Sentencia del Tribunal de Justicia de 21 de octubre de 2010, que resolvía la cuestión prejudicial planteada en el caso Padawan (SAP Barcelona 89/2011). Terminó su exposición criticando tanto el cariz tributario que cobra el canon  tras el Real Decreto-ley 20/2011 de medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera para la corrección del déficit público, como la utilización precisamente de un procedimiento de urgencia en principio reservado para una serie de casos excepcionales.

De izda. a dcha.: Pilar Cámara, Rodrigo Bercovitz y Carlos Guervós. Fuente: MAPI.

De izda. a dcha.: Pilar Cámara, Rodrigo Bercovitz y Carlos Guervós. Fuente: MAPI.

Carlos  Guervós (Subdirector de Propiedad Intelectual del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), expuso con un mayor grado de detalle el nuevo régimen del canon mediante previsión en los presupuestos generales del Estado. Las ventajas y consecuencias del nuevo sistema ocuparon la ponencia que más interés generó, como más tarde se demostraría en el turno de preguntas. No era para menos, teniendo en cuenta las cantidades que se han estado manejado en dicho concepto los últimos años. La intención del Gobierno, sin embargo, es que esta actual configuración “a la noruega” sea algo transitorio, a la espera de una eventual armonización y de la nueva Ley de Propiedad Intelectual (actualmente en fase de preparación).

Antoine Latreille (Universidad Paris-Sud 11) explicó el régimen de compensación por copia privada en Francia. Allí la consideración de una copia como privada requiere, además de ser destinada al uso privado del copista, que la fuente sea lícita (a diferencia del “acceso legal” que exige nuestro art. 31.2 LPI). El canon es configurado por una comisión especial que establece la cuantía, quién debe pagarla (los fabricantes de dispositivos y soportes de copia, que luego la repercuten al consumidor) y realiza una encuesta para calcularla. Dicha comisión tiene la particularidad de representar no sólo a los titulares de derechos, sino también a los fabricantes de equipos y dispositivos de copia, y a los consumidores. Una participación de todos los sectores involucrados que en España ha brillado tradicionalmente por su ausencia.

Silke von Lewinski (Instituto Max Planck) habló de la compensación equitativa por copia privada en Alemania. La legislación alemana tiene en cuenta que muchos dispositivos y soportes tienen usos distintos a la copia, y por ello la cuantía se calcula en función de la capacidad de copia de los mismos. También tuvo tiempo para comentar las repercusiones del caso Padawan en su ordenamiento jurídico.

De izda. a dcha.: Silke von Lewinski, Antoine Latreille, Ignacio Garrote y Paul Torremans. Fuente: MAPI.

De izda. a dcha.: Silke von Lewinski, Antoine Latreille, Ignacio Garrote y Paul Torremans. Fuente: MAPI.

Paul Torremans (Universidad de Nottingham) describió la excepción por copia privada que se está gestando en el Reino Unido. Al ser un ordenamiento basado en el common law, no posee el sistema de excepciones propio del Derecho continental. Al parecer se pretende aprobar una nueva “excepción” para dotar de licitud a la reproducción privada que tiene lugar, por ejemplo, cuando el usuario compra y digitaliza un CD para escucharlo en su reproductor mp3.

Estirando un poco los conceptos, la correspondiente compensación exigida por el Convenio de Berna se pagaría de forma indirecta incluyéndolo en el P.V.P. Sin embargo, en opinión de Torremans, la exigencia de que cada usuario haya comprado previamente el CD dejaría fuera del ámbito de la excepción a la mayoría de las reproducciones que tienen lugar en el ámbito doméstico (y que, por tanto, continuarían siendo ilícitas). La modificación legislativa, por tanto, tendrá un ámbito objetivo de aplicación considerablemente reducido.

Antoon Quaedvlieg (Universidad de Nimega) analizó la jurisprudencia del Tribunal de Justicia en materia de compensación equitativa por copia privada. Intentó determinar qué ha de entenderse por daño, y si ha de incluirse en él las copias realizadas desde fuentes ilícitas.

María Martín Prat. Fuente: MAPI

María Martín Prat. Fuente: MAPI

María Martín Prat (Unidad de Derecho de Autor de la Dirección de Mercado Interior de la Comisión Europea), se remontó a los años 90 para explicar las dificultades presentes a la hora de armonizar los distintos ordenamientos. En su opinión, la aparición de los formatos digitales, las plataformas de distribución de contenidos en streaming y el almacenamiento en la nube, dota de un nuevo contenido al derecho de copia más cercano al derecho de acceso.

Por último, Frank Gotzen (Universidad de Lovaina) explicó algunas de las posibles alternativas al sistema de compensación equitativa en el entorno digital.  En la misma línea anteriormente mantenida por el profesor Molina, Gotzen incidió en la necesidad de una mayor armonización entre los ordenamientos de los Estados miembros que contemplan en sus respectivas legislaciones la excepción por copia privada.

El Profesor Ignacio Garrote (Universidad Autónoma de Madrid), como Director del Congreso, fue el encargado de exponer las conclusiones, emplazando a los asistentes a la próxima edición.

Bercovitz Camara Latreille Gotzen Garrote Torremans von Lewinsky Quaedvlieg

De izda. a dcha.: Bercovitz, Cámara, Latreille, Gotzen, Garrote, Torremans, von Lewinsky y Quaedvlieg. Fuente: MAPI.

Cuesta resumir en alrededor de mil palabras todo lo acaecido en un evento de estas características (próximamente dedicaré una entrada enteramente a la ponencia y preguntas de Carlos Guervós). Es un privilegio poder escuchar a tantos expertos de tan reconocido prestigio, algo que no habría sido posible sin el enorme trabajo llevado a cabo por la Dirección del Master en Propiedad Intelectual, Industrial y Nuevas Tecnologías de la Universidad Autónoma de Madrid (encontraréis más fotografías del evento en su página oficial de Facebook). En principio, la III edición tendrá lugar a finales del curso académico 2012/2013. Si podéis asistir, no dejéis escapar la ocasión.

Fuentes: MAPI y blog Derecho y Cultura.

Autoría y personalidad: ¿quién puede ser autor?

La LPI otorga de manera originaria todos los derechos a la persona del autor. Ahora bien, ¿qué debemos entender por “autor”? La propia LPI recoge el concepto en su art. 5.1:

Artículo 5. Autores y otros beneficiarios.

1. Se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica.

2. No obstante, de la protección que esta Ley concede al autor se podrán beneficiar personas jurídicas en los casos expresamente previstos en ella.

La primera consideración que cabe hacer al respecto es que la condición de autor, a diferencia de lo que sucede con otros derechos inmateriales, depende del mero hecho de la creación (y no de la inscripción en un registro). Además, dicha condición es intransmisible (ya sea inter vivos o mortis causa), no entra en el dominio público y no es susceptible de prescripción. Puedes ceder los derechos sobre tu obra para que otro la explote económicamente, pero no puedes desprenderte de la autoría en sí misma.

Como ya vimos, los conceptos de obra, autoría y originalidad están íntimamente relacionados. Podríamos delimitar las características del autor como la persona natural, adulta, capaz e identificada que crea (motu proprio y ex novo) una obra original. Aunque caben supuestos de coautoría, y de autoría en colaboración (de los que hablaremos en futuras entradas), hay participaciones en la creación de la obra que, por su escasa entidad, no se recompensan con la condición de autor:

  • El inspirador de una idea que el autor aprovechó para materializar en una obra (hay que recordar que el derecho de autor no protege las ideas). Tampoco sería autora la persona cuya vivencia es aprovechada por un tercero (memorias, biografías…). Eso sí, si ese tercero se dedica a transcribir lo que se le dicta, será un mero ejecutante (la autoría corresponderá al narrador).
  • El comitente de una obra (el que la encarga), o aquel para quien el autor presta servicios remunerados (aunque hay una presunción de cesión de derechos en favor de este último en el art. 51 LPI, el empleador no se convierte en autor).
  • El coordinador de actividades artísticas ajenas (director de teatro, productor fonográfico, coordinador de una exposición…).
  • El jugador de un videojuego no es autor respecto de las imágenes que produce con su manipulación de la videoconsola. Esto es así porque su libertad creativa es aparente: en realidad, todo aquello que pueda hacer, los “bichos” que pueda matar o los objetos que pueda recoger ha sido previsto y limitado de antemano al escribir el código del juego.

Por otro lado, como hemos dicho, el autor ha de ser identificable. Este requisito no exige que se conozca al autor, sino que exista la posibilidad de llegarlo a conocer (piénsese en el Lazarillo de Tormes, cuya autoría no pudo determinarse hasta hace poco). En cambio, el folklore es un claro ejemplo en el que, aunque hay obra, no puede atribuirse la autoría al no poder identificarse al creador o creadores.

Asimismo, las notas de “adulta” y “capaz” no exigen que la persona haya alcanzado una edad determinada. El requisito es que haya existido una mínima consciencia, una intención de crear. Por ello los menores podrán ser considerados autores siempre que exista ese componente de intencionalidad. No se requiere “libertad” en el sentido de que cabe la creación por obligación (obras creadas por empleados, o por encargo).

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Pockets Warhol, simpático mono y reconocido pintor. Fuente: Daily Mail

El autor ha de ser “persona”, lo que excluye las “creaciones” generadas por elementos de la naturaleza (fósiles, erosión…), animales (por mucho éxito comercial que tenga su resultado) u ordenadores. En este último caso es necesario precisar que los programas de ordenador sí están protegidos por la propiedad intelectual. También lo están aquellas obras creadas por personas mediante un ordenador: el ratón es una herramienta tan válida como los pinceles. En cambio, si la “obra” está enteramente generada por ordenador, sin tener detrás una voluntad humana tomando decisiones creativas y ejerciendo el control, no se puede hablar de autoría (ni siquiera para otorgársela al autor del “programa creador”).

Sin embargo, la nota que más discusiones doctrinales ha generado es la de persona “natural”, en relación con la posibilidad de que las personas jurídicas puedan ser consideradas como autoras.

La corriente mayoritaria, aunque no de manera abrumadora, considera que sólo las personas físicas pueden ser autoras. La otra corriente sostiene que el Derecho español no repudia expresamente la atribución de autoría a las personas jurídicas. Es más, el art. 5.2 LPI permite que las personas jurídicas sean titulares originarias de derechos de propiedad intelectual (el ejemplo más claro son los programas de ordenador, art. 97.1LPI).

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Nell McAndrew, la modelo en cuestión, posando como Lara Croft. Fuente: blogodisea.com

Además, hay resoluciones que parecen apoyar esta segunda tesis, como la recaída en el caso Lara Croft. En ella la Audiencia Provincial de Barcelona condenó a la revista Interviú por publicar un reportaje de una modelo desnuda caracterizada como la famosa arqueóloga. La clave del caso es que se concedió una indemnización a Core Design Ltd. por daños morales” (y sólo los autores pueden ser titulares del derecho moral a la integridad de la obra).

Personalmente, considero que detrás de las personas jurídicas han de estar necesariamente los actos de personas físicas, y sólo estas últimas tenemos capacidad para crear. En cualquier caso, se trata de un debate puramente académico y estéril en la práctica. A las empresas les importa bastante poco ser o no autoras si la LPI ya les otorga la titularidad originaria de los derechos. Además, las facultades morales se ven suplidas en numerosos casos a través de las acciones que conceden la Ley de Marcas o la Ley de Competencia Desleal.

Condenado por acceder y manipular la cuenta de Tuenti de una amiga

Logo de TuentiA finales del mes pasado, un joven fue condenado por el Juzgado de lo Penal número 2 de Pamplona a una pena de 6 meses de prisión y a pagar una multa de 1.080 euros como autor de un delito de revelación de secretos. El sujeto en cuestión accedió sin consentimiento a las cuentas de Tuenti y de correo electrónico de una conocida. No contento con ello, cambió la configuración de privacidad (de “sólo amigos” a “todo Tuenti”), colgó fotos de mujeres desnudas y cambió las claves de acceso para que la titular no pudiese entrar.

La pena solicitada por el Ministerio Fiscal era de 18 meses de cárcel más 6.000 € de multa, quedando rebajada por conformidad a la señalada en el párrafo anterior. La conformidad está regulada en el art. 801 LECrim., y permite al acusado reducir su condena a cambio de admitir los hechos imputados, aceptar la pena más grave solicitada por el Ministerio Fiscal o la acusación particular, y asumir las eventuales responsabilidades civiles. Si se trata de su primera condena, al ser esta menor a 2 años de cárcel no ingresará en prisión.

El delito de revelación de secretos está contemplado en los arts. 197 y siguientes del Código Penal:

1. El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales o intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses.

2. Las mismas penas se impondrán al que, sin estar autorizado, se apodere, utilice o modifique, en perjuicio de tercero, datos reservados de carácter personal o familiar de otro que se hallen registrados en ficheros o soportes informáticos, electrónicos o telemáticos, o en cualquier otro tipo de archivo o registro público o privado. Iguales penas se impondrán a quien, sin estar autorizado, acceda por cualquier medio a los mismos y a quien los altere o utilice en perjuicio del titular de los datos o de un tercero.

Este delito deriva del derecho a la intimidad personal y familiar recogido en el art. 18 de la Constitución. Para generar responsabilidad penal basta con el hecho de descubrir los secretos de otra persona, o de interceptar sus comunicaciones, ambos sin consentimiento. No es necesario, por tanto, que la información se haga pública para que haya delito. El delito se agrava cuando el infractor tuvo relación con el secreto como consecuencia de su profesión u oficio (médicos, abogados, sacerdotes…).

No sé cómo consiguió este chico la contraseña, pero en general es algo más fácil de lo que parece. Averiguar una clave depende de dos factores: la habilidad del “cazador” y el descuido de la “presa”. Cuanto mayor sea el primero, menos necesario será el segundo, y viceversa. Personalmente, por lo que veo a mi alrededor tengo la impresión de que la gente es excesivamente descuidada con sus claves, hasta que ya es demasiado tarde. Yo tengo un truco infalible: uso siempre la palabra “incorrecta”. Así no tengo que acordarme más que de una palabra y, si la olvido o me equivoco, la propia página me ayuda diciendo: “su contraseña es incorrecta”. Bromas aparte, no podemos evitar que haya ataques contra nuestras cuentas, pero sí podemos tomar precauciones para que sean mucho más seguras:

  • Crea una contraseña larga: ocho caracteres como mínimo. Asimismo emplea todo tipo de caracteres (mayúsculas, minúsculas, números y símbolos), y acuérdate de cambiarla con un mínimo de frecuencia (por lo menos, dos veces al año).
  • No uses palabras completas ni otras combinaciones “evidentes”: nada de nombres de la página, de usuario, tu nombre real o el de tu mascota. También hay que evitar cumpleaños, aniversarios, números de teléfono, DNI…
  • Nunca utilices la misma contraseña para más de un sitio web: no todas las páginas guardan las contraseñas con el mismo celo, y te expones a que caigan todas tus cuentas en cuanto alguien averigüe la de una.
  • Si ves que se te acumulan las claves, puedes usar un gestor de contraseñas. Hay varios programas y servicios que almacenan los nombres de usuario y claves de los distintos sitios web, y tú sólo tienes que recordar la clave maestra del gestor.
  • Desconfía de los mensajes y correos que te pidan la contraseña. Aunque parezcan legítimos, ni Hacienda, ni tu banco, ni nadie con un mínimo de seguridad va a pedirte la clave por correo electrónico.
  • Toma precauciones en lugares y ordenadores públicos: procura que nadie te mire por encima del hombro, y acuérdate de cerrar sesión cuando uses un ordenador ajeno; en este último caso, si además de no cerrar sesión le das a “guardar contraseña” en el navegador, el que venga después tiene mi beneplácito para entrar y causar los estragos que estime oportunos.
  • No reveles jamás tu contraseña a nadie; ni a tu familia, ni a tu pareja ni a tus amigos, por muy buenos que sean. Que otra persona conozca tus claves no es una demostración de confianza, es una estupidez. Si por cualquier motivo necesitas que alguien acceda a alguna de tus cuentas, cambia la contraseña en cuanto puedas. En caso contrario te expones a que la revelen por accidente, a que entren por curiosidad o a que se hagan con ella si por os enemistáis en el futuro.
Concierto de David Bisbal en Almería (2009)

David Bisbal en concierto. Foto de J. A. Blaya

Llegados a este punto, más de uno pensaréis: “Sí, suena bastante razonable; supongo que debería hacerlo, pero me da mucha pereza. Después de todo, y aunque me conozcan, ¿quién va a ser capaz de averiguar mi contraseña si no se la digo?”. David Bisbal, por poner un ejemplo, ya tiene su respuesta.

En mi modesta opinión, es mejor tomarse estas ligeras molestias a tener que lamentar la pérdida de todo lo que conserváis en el correo electrónico, Tuenti, Facebook, Twitter… y eso en el mejor de los casos. Por último, os recomiendo que echéis un vistazo al ranking de las 25 peores contraseñas de internet en 2011. Aunque las palabras sean inglesas, creo que se capta la idea.

Obras protegidas por la propiedad intelectual (I)

El objeto de protección de la propiedad intelectual está definido en el artículo 10 LPI (Obras y Títulos originales). Según dicho texto legal:

1. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas:

  1. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.
  2. Las composiciones musicales, con o sin letra.
  3. Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.
  4. Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.
  5. Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.
  6. Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.
  7. Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.
  8. Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.
  9. Los programas de ordenador.

2. El título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella.

Lo primero que hay que decir de esta lista es que no es numerus clausus, es decir, que es una lista abierta. Expresiones como “cualquier medio”, “actualmente conocido o que se invente en el futuro” o, sobre todo “entre ellas”, indican la clara voluntad del legislador de situar la originalidad como único requisito. La lista recoge las formas de creación más comunes en el momento de aprobación de la ley, pero dejando la puerta abierta. Algo de sentido común teniendo en cuenta que la vigente LPI es de mediados de los noventa, justo en medio del boom de internet.

Desde entonces han aparecido nuevas formas de crear y nuevos tipos de obra, que también se protegen en caso de ser originales. De hecho, algunos tipos de obra actuales tienen un encaje bastante forzado en esta lista. Es el caso, por ejemplo, de los videojuegos. La grandísima mayoría son obras originales, pero aún se discute si se trata de obras audiovisuales o de programas de ordenador. La postura mayoritaria es los considera programas de ordenador, aunque por razones distintas. A la industria le conviene más el manto protector del software para defender sus inversiones millonarias, mientras que la doctrina suele hacer más énfasis en el inescindible componente interactivo de esta clase de entretenimiento. Al final casi todos coincidimos en que lo mejor sería crear una nueva categoría de obra y dotarla de regulación específica.

Pong Videogame

Atari lanzó "Pong" en 1972, y se convirtió en el primer videojuego de éxito comercial.

Aunque en el futuro trataremos con más detalle algunos tipos de obra y sus respectivos contratos de cesión de derechos, conviene hacer algunos comentarios generales.

a. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.

Las obras literarias o del lenguaje también están expuestas mediante una serie de ejemplos variopintos, pero no limitativos (“y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza“). Basta con que se expresen en un lenguaje, por muy formalizado (tecnicismos, lenguajes de programación informática…) o marginal (dialectos, braille…) que sea. La originalidad de estas obras (y, por tanto, la protección que reciben) no sólo se exige en la expresión formal (combinación de palabras), sino también en los argumentos y personajes.

Sherlock Watson BBCA estas alturas supongo que todos entenderéis que los argumentos generales del estilo de “alguien comete un crimen y otra persona, ajena al torpe cuerpo de policía, resuelve el misterio”, carecen de originalidad suficiente. Ahora bien, si el crimen es la extorsión a un miembro de la familia real inglesa, entremezclado con otro fallecimiento accidental y con una operación antiterrorista del MI6, la cosa cambia.

Además, añadimos un protagonista joven, analítico, extremadamente inteligente, con conocimientos técnicos que superan los incluidos en la enciclopedia británica, nociones de defensa personal y una notable falta de empatía por sus semejantes. Dicho personaje es acompañado por un doctor militar retirado, herido en una pierna, que recoge por escrito las experiencias que viven al enfrentarse a una misteriosa mujer o a una privilegiada mente criminal. En este caso, la originalidad tanto del argumento como de los personajes es innegable. [off topic: la serie “Sherlock” de la BBC es imprescindible].

Portada de "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

Ilustración de la novela "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

A veces surgen problemas de originalidad con los textos periodísticos o las descripciones de acontecimientos históricos (las llamadas factual works), ya que ni los datos ni los hechos históricos son considerados “originales” por la LPI.

Algo parecido pasa con los informes, cartas formales… pero teniendo en cuenta que los manuales de instrucciones para montar mamparas de baño son originales, en la práctica pocos casos quedarán fuera del derecho de autor.

También es muy frecuente que las obras literarias integren ilustraciones u otras obras plásticas (empezando por la portada), creando obras complejas. En todo caso los autores conservarán los derechos sobre sus creaciones, en lugar de pasar a ser coautores de la obra compleja. La cesión contractual necesaria para la explotación de este tipo de obras se ubica fundamentalmente en el contrato de edición (arts. 58 y ss. LPI), del que hablaremos en otro momento.

b. Las composiciones musicales, con o sin letra.

Por su parte, las obras musicales se expresan a través del sonido. La originalidad ha de darse en la combinación de sus tres elementos fundamentales: armonía, melodía y ritmo. Dicha originalidad puede existir incluso en sintonías muy breves, tal y como dictaminó el Tribunal Supremo en un caso sobre una de las sintonías de Radio Nacional de España (STS 30-10-1995). En el caso de las composiciones con letra, ésta también se protege. Una canción que una música y letra es una obra compleja (la suma de dos obras “simples”). Sin embargo, de modo análogo a lo que sucedía con los argumentos generales, no se protegen los acordes, escalas, ritmos y armonías básicos, tonos…

En general el autor de una obra musical tiene menos libertad creativa, ya que el lenguaje es más limitado. Surgen por tanto dudas sobre  la entidad que han de tener los cambios sobre una primera obra para poder hablar de una segunda. Por ejemplo, ¿basta el mero cambio de ritmo para crear una obra nueva? Los arreglos musicales de instrumentación u orquestación de una obra se protegen, pero como obra derivada. Hablaremos más sobre las obras derivadas al tratar el derecho de transformación. Por su parte, el popurrí de canciones también está protegido como selección de obras ajenas.

David Guetta

David Guetta, DJ y productor musical

En esta última categoría del popurrí podrían entrar también los DJs. Si alguno de vosotros, queridos lectores, se dedica a pinchar discos, que siga leyendo antes de sentirse ofendido. A los DJs les gusta considerarse autores y, como vemos, podría llegar a considerarse que crean obras derivadas. Sin embargo, la explotación comercial de una obra obtenida a partir de otra anterior requiere el consentimiento del autor de esta última (del titular de los derechos, para ser precisos). Y no me suena que los pinchadiscos cuenten con dichas autorizaciones…

Continuando con esta idea, puede darse la ocasión en que el ejecutante de una obra musical improvise lo suficiente como para convertirse en coautor del resultado (junto con el autor de la partitura), o incluso en autor de una obra distinta. Es lo que sucede, por ejemplo, en las improvisaciones de jazz a partir de un tema básico. Por último, al igual que sucede con las obras literarias y plásticas, tampoco es extraño que una obra musical se integre en una obra compleja como una obra cinematográfica, una ópera, un musical, una obra multimedia… 

En la próxima entrada se comentarán brevemente el resto de las obras que menciona el artículo 10 LPI.