Autoría y personalidad: ¿quién puede ser autor?

La LPI otorga de manera originaria todos los derechos a la persona del autor. Ahora bien, ¿qué debemos entender por “autor”? La propia LPI recoge el concepto en su art. 5.1:

Artículo 5. Autores y otros beneficiarios.

1. Se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica.

2. No obstante, de la protección que esta Ley concede al autor se podrán beneficiar personas jurídicas en los casos expresamente previstos en ella.

La primera consideración que cabe hacer al respecto es que la condición de autor, a diferencia de lo que sucede con otros derechos inmateriales, depende del mero hecho de la creación (y no de la inscripción en un registro). Además, dicha condición es intransmisible (ya sea inter vivos o mortis causa), no entra en el dominio público y no es susceptible de prescripción. Puedes ceder los derechos sobre tu obra para que otro la explote económicamente, pero no puedes desprenderte de la autoría en sí misma.

Como ya vimos, los conceptos de obra, autoría y originalidad están íntimamente relacionados. Podríamos delimitar las características del autor como la persona natural, adulta, capaz e identificada que crea (motu proprio y ex novo) una obra original. Aunque caben supuestos de coautoría, y de autoría en colaboración (de los que hablaremos en futuras entradas), hay participaciones en la creación de la obra que, por su escasa entidad, no se recompensan con la condición de autor:

  • El inspirador de una idea que el autor aprovechó para materializar en una obra (hay que recordar que el derecho de autor no protege las ideas). Tampoco sería autora la persona cuya vivencia es aprovechada por un tercero (memorias, biografías…). Eso sí, si ese tercero se dedica a transcribir lo que se le dicta, será un mero ejecutante (la autoría corresponderá al narrador).
  • El comitente de una obra (el que la encarga), o aquel para quien el autor presta servicios remunerados (aunque hay una presunción de cesión de derechos en favor de este último en el art. 51 LPI, el empleador no se convierte en autor).
  • El coordinador de actividades artísticas ajenas (director de teatro, productor fonográfico, coordinador de una exposición…).
  • El jugador de un videojuego no es autor respecto de las imágenes que produce con su manipulación de la videoconsola. Esto es así porque su libertad creativa es aparente: en realidad, todo aquello que pueda hacer, los “bichos” que pueda matar o los objetos que pueda recoger ha sido previsto y limitado de antemano al escribir el código del juego.

Por otro lado, como hemos dicho, el autor ha de ser identificable. Este requisito no exige que se conozca al autor, sino que exista la posibilidad de llegarlo a conocer (piénsese en el Lazarillo de Tormes, cuya autoría no pudo determinarse hasta hace poco). En cambio, el folklore es un claro ejemplo en el que, aunque hay obra, no puede atribuirse la autoría al no poder identificarse al creador o creadores.

Asimismo, las notas de “adulta” y “capaz” no exigen que la persona haya alcanzado una edad determinada. El requisito es que haya existido una mínima consciencia, una intención de crear. Por ello los menores podrán ser considerados autores siempre que exista ese componente de intencionalidad. No se requiere “libertad” en el sentido de que cabe la creación por obligación (obras creadas por empleados, o por encargo).

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Pockets Warhol, simpático mono y reconocido pintor. Fuente: Daily Mail

El autor ha de ser “persona”, lo que excluye las “creaciones” generadas por elementos de la naturaleza (fósiles, erosión…), animales (por mucho éxito comercial que tenga su resultado) u ordenadores. En este último caso es necesario precisar que los programas de ordenador sí están protegidos por la propiedad intelectual. También lo están aquellas obras creadas por personas mediante un ordenador: el ratón es una herramienta tan válida como los pinceles. En cambio, si la “obra” está enteramente generada por ordenador, sin tener detrás una voluntad humana tomando decisiones creativas y ejerciendo el control, no se puede hablar de autoría (ni siquiera para otorgársela al autor del “programa creador”).

Sin embargo, la nota que más discusiones doctrinales ha generado es la de persona “natural”, en relación con la posibilidad de que las personas jurídicas puedan ser consideradas como autoras.

La corriente mayoritaria, aunque no de manera abrumadora, considera que sólo las personas físicas pueden ser autoras. La otra corriente sostiene que el Derecho español no repudia expresamente la atribución de autoría a las personas jurídicas. Es más, el art. 5.2 LPI permite que las personas jurídicas sean titulares originarias de derechos de propiedad intelectual (el ejemplo más claro son los programas de ordenador, art. 97.1LPI).

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Nell McAndrew, la modelo en cuestión, posando como Lara Croft. Fuente: blogodisea.com

Además, hay resoluciones que parecen apoyar esta segunda tesis, como la recaída en el caso Lara Croft. En ella la Audiencia Provincial de Barcelona condenó a la revista Interviú por publicar un reportaje de una modelo desnuda caracterizada como la famosa arqueóloga. La clave del caso es que se concedió una indemnización a Core Design Ltd. por daños morales” (y sólo los autores pueden ser titulares del derecho moral a la integridad de la obra).

Personalmente, considero que detrás de las personas jurídicas han de estar necesariamente los actos de personas físicas, y sólo estas últimas tenemos capacidad para crear. En cualquier caso, se trata de un debate puramente académico y estéril en la práctica. A las empresas les importa bastante poco ser o no autoras si la LPI ya les otorga la titularidad originaria de los derechos. Además, las facultades morales se ven suplidas en numerosos casos a través de las acciones que conceden la Ley de Marcas o la Ley de Competencia Desleal.

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Obras protegidas por la propiedad intelectual (II)

Tras la pausa para el café, continuamos con la lista abierta de tipos de obra protegidos por la propiedad intelectual (art. 10 LPI).

c. Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.

Teatro de la Ópera de Viena

Teatro de la ópera de Viena. Foto por Daniel Yeow.

Esta clase engloba, entre otros: el teatro, las marionetas, la ópera, las coreografías, las pantomimas… En ocasiones puede dudarse sobre si cabe calificar a alguien como intérprete o como autor, sobre todo en casos de improvisación (Compañía L’Om Imprebis), o cuando las indicaciones del autor del libreto son muy sucintas.

En este sentido cabe destacar que, al contrario de lo que sucede en la obra audiovisual, el director de teatro no tiene la condición de autor. Se duda también sobre la condición de autor del director de escena, ya que algunas adaptaciones son, sin duda, originales en el sentido de la LPI. Las obras escénicas pueden además incluir otro tipo de obras protegidas que reciben protección por sí mismas (decoración, vestuario…). Otros casos dudosos en cuanto a su originalidad creativa podrían ser el fútbol, los toros, la gimnasia artística, el patinaje sobre hielo… Aunque hay otros supuestos en que no cabe la más mínima duda, como sucede con el Circo del Sol. Tal y como decíamos en otra ocasión, las expresiones culturales del folklore tradicional pertenecen a la comunidad y no son susceptibles de apropiación a través de la propiedad intelectual.

d. Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.

Logo_León_Metro_Goldwyn_MayerSegún el art. 86 LPI, las obras audiovisuales son “creaciones expresadas mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada, que estén destinadas esencialmente a ser mostradas a través de aparatos de proyección o por cualquier otro medio de comunicación pública de la imagen y del sonido, con independencia de la naturaleza de los soportes materiales de dichas obras“.

Teniendo en cuenta la variedad de aportaciones creativas, se considera como autores de la misma al director, al guionista y al compositor de la banda sonora.

e. Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.

Mickey Mouse Aprendiz de Brujo

Mickey Mouse, el Aprendiz de Brujo. Foto por Loren Javier.

En las obras plásticas, la expresión de la subjetividad del autor se produce mediante una combinación de formas y colores: pintura, dibujo, grabado, escultura, arquitectura, tapices, jardinería, interiores, cómic, elementos plásticos en videojuegos… En estos casos, muchas veces la originalidad viene determinada por el material empleado (esculturas hechas con botones, con excrementos…). Otras veces, la originalidad está en la ejecución (piénsese en dos pintores inspirándose en el mismo paisaje, pero dando lugar a dos pinturas distintas). Y en otras, lo original es la propia concepción (un simpático ratón con forma y comportamiento humanos).

En la propiedad intelectual, hay una división esencial entre lo que es la obra (corpus mysticum) y el soporte que la contiene y permite su disfrute (corpus mechanicum). Los derechos patrimoniales sobre la obra existen al margen del soporte, por lo que alguien que adquiere un cuadro o una escultura no tiene, por la mera compra, derecho a explotar la obra (art. 56 LPI). Aunque haya adquirido el único ejemplar existente de dicha obra. A pesar de ello, el adquirente sí tiene “derecho de exposición”: podrá exponer públicamente la obra, salvo que el autor haya excluido expresamente este derecho de la compraventa. En futuras entradas hablaremos sobre otro importante derecho que afecta a las obras plásticas, el conocido como droit de suite (derecho de persecución, antiguo art. 24 LPI derogado por la Ley 3/2008). Por último, entran dentro de esta clase las obras de arte aplicado, siempre que sean suficientemente originales y con independencia de que también sean protegibles a través de la propiedad industrial.

f. Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.

g. Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.

h. Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.

Bloque de Apartamentos

Un bloque de apartamentos como cualquier otro. Foto por SveterCZE.

Tanto sobre los proyectos, planos y maquetas, como sobre los gráficos y mapas, hay poco que decir. Como también vimos, los requisitos de originalidad son bastante relajados. También hay otra causa, y es que su objetivo principal no es expresar la subjetividad de su autor. Puede que algún arquitecto se me eche las manos a la cabeza, pero todos estamos de acuerdo en que, al igual que no se puede proteger del mismo modo la Sagrada Familia que el bloque de apartamentos de la esquina, lo mismo ha de suceder con sus planos y maquetas. En mi opinión, la libertad creadora del arquitecto está intrínsecamente sometida a la utilidad práctica del resultado. Pero es algo que no impide que sus obras se protejan si alcanzan originalidad suficiente.

La fotografía es un caso distinto, en el que el debate está lejos de cerrarse. Tanto la jurisprudencia como la doctrina están de acuerdo en que hay una distinción fundamental entre la mera fotografía y la obra fotográfica. Sobre los criterios de ambas para establecer si hay originalidad o no hablaremos más adelante. De momento, baste decir que contrariamente a lo que se pudiera llegar a pensar la originalidad no depende del valor económico de la imagen capturada, y que en aquellos casos en que se fotografíe a otras personas habrá que tener en cuenta el derecho al honor y a la propia imagen de los retratados.

i. Los programas de ordenador.

Nuevo logo de Windows 8

El nuevo logo de Microsoft para Windows 8

Los programas de ordenador se protegen como obras literarias, aunque hay numerosas voces discordantes que lo consideran una mera innovación tecnológica. En cualquier caso, según el art. 96 LPI, se entiende por programa de ordenador “toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y fijación“. La protección se extiende también a la documentación preparatoria, la documentación técnica y los manuales de uso. También hay que tener en cuenta que las personas jurídicas pueden ser titulares originarias de los derechos (art. 97 LPI). Es uno de los argumentos que se esgrimen en el eterno debate sobre si la creación es o no algo exclusivo de las personas físicas.

En mayor o menor relación con los programas de ordenador encontramos las obras multimedia y las páginas web. Las obras multimedia combinan vídeo, sonido, imágenes estáticas… gracias a un programa de ordenador. Las páginas web son documentos situado en una red informática, a los que se accede mediante enlaces de hipertexto (de ahí el “http://” que podéis encontrar en la barra URL de vuestro navegador).

En ambos casos no hay que confundir estas obras con los elementos que incorporan (ficheros, gráficos, fotografías, imágenes, vídeos, música…), que en muchas ocasiones son susceptibles de protección independiente. De las páginas web se protege:

  • El código fuente, como programa de ordenador.
  • El diseño de la página (presentación visual), siempre que sea original. Y no, el hecho de escoger una plantilla de 1and1 o similares no te da derechos sobre su diseño.
  • Los elementos independientes incorporados a cada página. El titular de la página, si no es autor de los mismos, necesita contar con el derecho de comunicación pública para incluirlos en su web.

En Propiedad Intelectual Hoy: Obras protegidas por la propiedad intelectual (I)

Derecho de autor y originalidad (II):

En la última entrada intentábamos definir qué es la originalidad, y cómo ésta debe suponer mayor o menor novedad dependiendo del tipo de obra. Ahora bien, el concepto legal de originalidad no va más allá de lo que en su momento definimos: expresión de la subjetividad del autor y (en menor medida) novedad objetiva. Nada más. La LPI no protegerá determinadas obras que no cumplen estos requisitos, por mucho que sintamos la tentación de incluirlas bajo el manto protector del derecho de autor. Entonces, ¿qué no supone originalidad?

La originalidad no depende, en primer lugar, de la altura creativa. El derecho de autor no exige que una obra sea “buena” o “de calidad” para protegerla. Da igual que la obra sea una basura, mientras sea original. La calidad artística ya se recompensará a través del reconocimiento y del éxito (o no), pero eso no le importa a la propiedad intelectual. Para la LPI, un cuadro de Antonio López y otro que pueda pintar yo cualquier día de estos son igual de valiosos. Es cierto que no pagará la misma indemnización quien plagie a Antonio López que quien me plagiase a mí. Pero esa diferencia existe porque el daño reputacional sería mucho menor en mi caso, no porque mi obra sea menos obra en cuanto a “obra” que la del afamado pintor y escultor manchego.

Madrid desde Torres Blancas Antonio López

"Madrid desde Torres Blancas", de Antonio López (1936 - presente).

Mi ciudad Julia Peña

"Mi ciudad", de Julia Peña (2005 - presente).

La originalidad tampoco depende del tiempo y esfuerzo que haya dedicado el autor. Una obra creada con rotuladores Carioca en 5 minutos tendrá la misma protección que un óleo sobre lienzo en el que se hayan invertido meses de trabajo. Lo que al otro lado del charco llaman “sweat of the brow” (sudor de la frente), no influye a la hora de decidir si una obra es o no protegible por derecho de autor.

En relación con esto último hay que decir que el derecho de autor no protege los meros datos, al carecer de originalidad, por mucho tiempo y dinero que se haya invertido en su recopilación. Existe una protección para las bases de datos originales, de la que hablaremos en otra ocasión. Un ejemplo claro sobre meros datos es el de Feist vs. Rural, que tuvo lugar en Estados Unidos a principios de los años noventa. Feist Publications, Inc., copió información de una guía telefónica elaborada por Rural Telephone Service Co., para después incluirla en su propia guía. A Rural, comprensiblemente, no le hizo demasiada gracia, y demandó a Feist por infracción de sus derechos de autor. El caso llegó hasta la Corte Suprema, que dictó sentencia el 27 de marzo de 1991 dictaminando que los datos de la guía telefónica no son suficientemente originales como para que se les aplicase el derecho de autor.

El último teorema de Fermat en la Aritmética de Diofanato

Edición de 1670 de la Arithmetica de Diofanto, que incluye el comentario de Fermat conocido como "Último teorema" .

Por la misma falta de originalidad, el derecho de autor tampoco se extiende a las ideas (por muy originales que puedan ser), modelos de negocio, métodos, teorías, fórmulas, algoritmos matemáticos, letras, palabras, notas musicales, etc. Y no, no importa absolutamente nada el dinero y esfuerzo invertidos, o el valor intelectual que tenga el descubrimiento (piénsese, por ejemplo, en el último teorema de Fermat). Se protege la expresión concreta y original de dichas ideas, teorías, métodos… Es decir, la LPI protegerá como obra literaria el artículo científico que desarrolla y explica el nuevo descubrimiento. Pero si un tercero “sigue las instrucciones” de dicho texto y lleva a cabo el procedimiento descrito, el autor no podrá recurrir al derecho de autor para evitarlo. Podrá impedirlo acudiendo al derecho de patentes si la invención cumple los requisitos, o manteniendo el descubrimiento bajo secreto industrial, pero sólo podrá demandar por infracción de sus derechos de propiedad intelectual en caso de que alguien plagie su artículo.

Continuando con los métodos, tampoco se protegen los estilos creativos. Los herederos de Braque o de Picasso no tienen derechos sobre el cubismo, y lo mismo sucede con el fauvismo, el impresionismo, el puntillismo y el resto de “-ismos”. Sois completamente libres de hacer un retrato pop art de vuestra mascota, y de explotarlo comercialmente sin pagar royalties a los titulares de los derechos de Andy Warhol. Eso sí, luego no esperéis que os conozcan por vuestro nombre…

Por último, quedan fuera del aspecto de protección las obras que de algún modo forman patrimonio de una sociedad. Pensad por ejemplo en tallas, edificios y monumentos de toda clase, pero también en la cultura tradicional y el folklore: trajes tradicionales, versos, canciones, acertijos, enigmas, cuentos, leyendas…

Son obras que forman parte del dominio público. Imaginemos, por un momento, que sí estuviesen sujetas a derecho de autor. Los problemas surgen inmediatamente, y son imposibles de solucionar: ¿Quién es el autor, para respetar su derechos morales de paternidad e integridad de la obra? ¿Quién va a hacer de titular de los derechos para otorgar las autorizaciones y cobrar el importe que se fije? La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual intentó aprobar un tratado regulador del folklore, haciendo un gran esfuerzo por dejar al margen las cuestiones políticas y discutir la parte técnica, pero presentaba estas y otras dificultades que impidieron su firma. Al final imperó el sentido común y se decidió que el folklore sería de titularidad colectiva. Sigue habiendo preocupación, sin embargo, por evitar los expolios y la desaparición de culturas minoritarias. Por lo demás cualquiera puede coger un estribillo tradicional de, por ejemplo, Camerún, e incluirlo en una de sus canciones:

En Propiedad Intelectual Hoy: Derecho de autor y originalidad (I) y Derecho de autor y originalidad (y III): ¿Qué opina el Tribunal Supremo?