Obras protegidas por la propiedad intelectual (I)

El objeto de protección de la propiedad intelectual está definido en el artículo 10 LPI (Obras y Títulos originales). Según dicho texto legal:

1. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas:

  1. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.
  2. Las composiciones musicales, con o sin letra.
  3. Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.
  4. Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.
  5. Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.
  6. Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.
  7. Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.
  8. Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.
  9. Los programas de ordenador.

2. El título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella.

Lo primero que hay que decir de esta lista es que no es numerus clausus, es decir, que es una lista abierta. Expresiones como “cualquier medio”, “actualmente conocido o que se invente en el futuro” o, sobre todo “entre ellas”, indican la clara voluntad del legislador de situar la originalidad como único requisito. La lista recoge las formas de creación más comunes en el momento de aprobación de la ley, pero dejando la puerta abierta. Algo de sentido común teniendo en cuenta que la vigente LPI es de mediados de los noventa, justo en medio del boom de internet.

Desde entonces han aparecido nuevas formas de crear y nuevos tipos de obra, que también se protegen en caso de ser originales. De hecho, algunos tipos de obra actuales tienen un encaje bastante forzado en esta lista. Es el caso, por ejemplo, de los videojuegos. La grandísima mayoría son obras originales, pero aún se discute si se trata de obras audiovisuales o de programas de ordenador. La postura mayoritaria es los considera programas de ordenador, aunque por razones distintas. A la industria le conviene más el manto protector del software para defender sus inversiones millonarias, mientras que la doctrina suele hacer más énfasis en el inescindible componente interactivo de esta clase de entretenimiento. Al final casi todos coincidimos en que lo mejor sería crear una nueva categoría de obra y dotarla de regulación específica.

Pong Videogame

Atari lanzó "Pong" en 1972, y se convirtió en el primer videojuego de éxito comercial.

Aunque en el futuro trataremos con más detalle algunos tipos de obra y sus respectivos contratos de cesión de derechos, conviene hacer algunos comentarios generales.

a. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.

Las obras literarias o del lenguaje también están expuestas mediante una serie de ejemplos variopintos, pero no limitativos (“y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza“). Basta con que se expresen en un lenguaje, por muy formalizado (tecnicismos, lenguajes de programación informática…) o marginal (dialectos, braille…) que sea. La originalidad de estas obras (y, por tanto, la protección que reciben) no sólo se exige en la expresión formal (combinación de palabras), sino también en los argumentos y personajes.

Sherlock Watson BBCA estas alturas supongo que todos entenderéis que los argumentos generales del estilo de “alguien comete un crimen y otra persona, ajena al torpe cuerpo de policía, resuelve el misterio”, carecen de originalidad suficiente. Ahora bien, si el crimen es la extorsión a un miembro de la familia real inglesa, entremezclado con otro fallecimiento accidental y con una operación antiterrorista del MI6, la cosa cambia.

Además, añadimos un protagonista joven, analítico, extremadamente inteligente, con conocimientos técnicos que superan los incluidos en la enciclopedia británica, nociones de defensa personal y una notable falta de empatía por sus semejantes. Dicho personaje es acompañado por un doctor militar retirado, herido en una pierna, que recoge por escrito las experiencias que viven al enfrentarse a una misteriosa mujer o a una privilegiada mente criminal. En este caso, la originalidad tanto del argumento como de los personajes es innegable. [off topic: la serie “Sherlock” de la BBC es imprescindible].

Portada de "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

Ilustración de la novela "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

A veces surgen problemas de originalidad con los textos periodísticos o las descripciones de acontecimientos históricos (las llamadas factual works), ya que ni los datos ni los hechos históricos son considerados “originales” por la LPI.

Algo parecido pasa con los informes, cartas formales… pero teniendo en cuenta que los manuales de instrucciones para montar mamparas de baño son originales, en la práctica pocos casos quedarán fuera del derecho de autor.

También es muy frecuente que las obras literarias integren ilustraciones u otras obras plásticas (empezando por la portada), creando obras complejas. En todo caso los autores conservarán los derechos sobre sus creaciones, en lugar de pasar a ser coautores de la obra compleja. La cesión contractual necesaria para la explotación de este tipo de obras se ubica fundamentalmente en el contrato de edición (arts. 58 y ss. LPI), del que hablaremos en otro momento.

b. Las composiciones musicales, con o sin letra.

Por su parte, las obras musicales se expresan a través del sonido. La originalidad ha de darse en la combinación de sus tres elementos fundamentales: armonía, melodía y ritmo. Dicha originalidad puede existir incluso en sintonías muy breves, tal y como dictaminó el Tribunal Supremo en un caso sobre una de las sintonías de Radio Nacional de España (STS 30-10-1995). En el caso de las composiciones con letra, ésta también se protege. Una canción que una música y letra es una obra compleja (la suma de dos obras “simples”). Sin embargo, de modo análogo a lo que sucedía con los argumentos generales, no se protegen los acordes, escalas, ritmos y armonías básicos, tonos…

En general el autor de una obra musical tiene menos libertad creativa, ya que el lenguaje es más limitado. Surgen por tanto dudas sobre  la entidad que han de tener los cambios sobre una primera obra para poder hablar de una segunda. Por ejemplo, ¿basta el mero cambio de ritmo para crear una obra nueva? Los arreglos musicales de instrumentación u orquestación de una obra se protegen, pero como obra derivada. Hablaremos más sobre las obras derivadas al tratar el derecho de transformación. Por su parte, el popurrí de canciones también está protegido como selección de obras ajenas.

David Guetta

David Guetta, DJ y productor musical

En esta última categoría del popurrí podrían entrar también los DJs. Si alguno de vosotros, queridos lectores, se dedica a pinchar discos, que siga leyendo antes de sentirse ofendido. A los DJs les gusta considerarse autores y, como vemos, podría llegar a considerarse que crean obras derivadas. Sin embargo, la explotación comercial de una obra obtenida a partir de otra anterior requiere el consentimiento del autor de esta última (del titular de los derechos, para ser precisos). Y no me suena que los pinchadiscos cuenten con dichas autorizaciones…

Continuando con esta idea, puede darse la ocasión en que el ejecutante de una obra musical improvise lo suficiente como para convertirse en coautor del resultado (junto con el autor de la partitura), o incluso en autor de una obra distinta. Es lo que sucede, por ejemplo, en las improvisaciones de jazz a partir de un tema básico. Por último, al igual que sucede con las obras literarias y plásticas, tampoco es extraño que una obra musical se integre en una obra compleja como una obra cinematográfica, una ópera, un musical, una obra multimedia… 

En la próxima entrada se comentarán brevemente el resto de las obras que menciona el artículo 10 LPI.

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