Obras protegidas por la propiedad intelectual (II)

Tras la pausa para el café, continuamos con la lista abierta de tipos de obra protegidos por la propiedad intelectual (art. 10 LPI).

c. Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.

Teatro de la Ópera de Viena

Teatro de la ópera de Viena. Foto por Daniel Yeow.

Esta clase engloba, entre otros: el teatro, las marionetas, la ópera, las coreografías, las pantomimas… En ocasiones puede dudarse sobre si cabe calificar a alguien como intérprete o como autor, sobre todo en casos de improvisación (Compañía L’Om Imprebis), o cuando las indicaciones del autor del libreto son muy sucintas.

En este sentido cabe destacar que, al contrario de lo que sucede en la obra audiovisual, el director de teatro no tiene la condición de autor. Se duda también sobre la condición de autor del director de escena, ya que algunas adaptaciones son, sin duda, originales en el sentido de la LPI. Las obras escénicas pueden además incluir otro tipo de obras protegidas que reciben protección por sí mismas (decoración, vestuario…). Otros casos dudosos en cuanto a su originalidad creativa podrían ser el fútbol, los toros, la gimnasia artística, el patinaje sobre hielo… Aunque hay otros supuestos en que no cabe la más mínima duda, como sucede con el Circo del Sol. Tal y como decíamos en otra ocasión, las expresiones culturales del folklore tradicional pertenecen a la comunidad y no son susceptibles de apropiación a través de la propiedad intelectual.

d. Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.

Logo_León_Metro_Goldwyn_MayerSegún el art. 86 LPI, las obras audiovisuales son “creaciones expresadas mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada, que estén destinadas esencialmente a ser mostradas a través de aparatos de proyección o por cualquier otro medio de comunicación pública de la imagen y del sonido, con independencia de la naturaleza de los soportes materiales de dichas obras“.

Teniendo en cuenta la variedad de aportaciones creativas, se considera como autores de la misma al director, al guionista y al compositor de la banda sonora.

e. Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.

Mickey Mouse Aprendiz de Brujo

Mickey Mouse, el Aprendiz de Brujo. Foto por Loren Javier.

En las obras plásticas, la expresión de la subjetividad del autor se produce mediante una combinación de formas y colores: pintura, dibujo, grabado, escultura, arquitectura, tapices, jardinería, interiores, cómic, elementos plásticos en videojuegos… En estos casos, muchas veces la originalidad viene determinada por el material empleado (esculturas hechas con botones, con excrementos…). Otras veces, la originalidad está en la ejecución (piénsese en dos pintores inspirándose en el mismo paisaje, pero dando lugar a dos pinturas distintas). Y en otras, lo original es la propia concepción (un simpático ratón con forma y comportamiento humanos).

En la propiedad intelectual, hay una división esencial entre lo que es la obra (corpus mysticum) y el soporte que la contiene y permite su disfrute (corpus mechanicum). Los derechos patrimoniales sobre la obra existen al margen del soporte, por lo que alguien que adquiere un cuadro o una escultura no tiene, por la mera compra, derecho a explotar la obra (art. 56 LPI). Aunque haya adquirido el único ejemplar existente de dicha obra. A pesar de ello, el adquirente sí tiene “derecho de exposición”: podrá exponer públicamente la obra, salvo que el autor haya excluido expresamente este derecho de la compraventa. En futuras entradas hablaremos sobre otro importante derecho que afecta a las obras plásticas, el conocido como droit de suite (derecho de persecución, antiguo art. 24 LPI derogado por la Ley 3/2008). Por último, entran dentro de esta clase las obras de arte aplicado, siempre que sean suficientemente originales y con independencia de que también sean protegibles a través de la propiedad industrial.

f. Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.

g. Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.

h. Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.

Bloque de Apartamentos

Un bloque de apartamentos como cualquier otro. Foto por SveterCZE.

Tanto sobre los proyectos, planos y maquetas, como sobre los gráficos y mapas, hay poco que decir. Como también vimos, los requisitos de originalidad son bastante relajados. También hay otra causa, y es que su objetivo principal no es expresar la subjetividad de su autor. Puede que algún arquitecto se me eche las manos a la cabeza, pero todos estamos de acuerdo en que, al igual que no se puede proteger del mismo modo la Sagrada Familia que el bloque de apartamentos de la esquina, lo mismo ha de suceder con sus planos y maquetas. En mi opinión, la libertad creadora del arquitecto está intrínsecamente sometida a la utilidad práctica del resultado. Pero es algo que no impide que sus obras se protejan si alcanzan originalidad suficiente.

La fotografía es un caso distinto, en el que el debate está lejos de cerrarse. Tanto la jurisprudencia como la doctrina están de acuerdo en que hay una distinción fundamental entre la mera fotografía y la obra fotográfica. Sobre los criterios de ambas para establecer si hay originalidad o no hablaremos más adelante. De momento, baste decir que contrariamente a lo que se pudiera llegar a pensar la originalidad no depende del valor económico de la imagen capturada, y que en aquellos casos en que se fotografíe a otras personas habrá que tener en cuenta el derecho al honor y a la propia imagen de los retratados.

i. Los programas de ordenador.

Nuevo logo de Windows 8

El nuevo logo de Microsoft para Windows 8

Los programas de ordenador se protegen como obras literarias, aunque hay numerosas voces discordantes que lo consideran una mera innovación tecnológica. En cualquier caso, según el art. 96 LPI, se entiende por programa de ordenador “toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y fijación“. La protección se extiende también a la documentación preparatoria, la documentación técnica y los manuales de uso. También hay que tener en cuenta que las personas jurídicas pueden ser titulares originarias de los derechos (art. 97 LPI). Es uno de los argumentos que se esgrimen en el eterno debate sobre si la creación es o no algo exclusivo de las personas físicas.

En mayor o menor relación con los programas de ordenador encontramos las obras multimedia y las páginas web. Las obras multimedia combinan vídeo, sonido, imágenes estáticas… gracias a un programa de ordenador. Las páginas web son documentos situado en una red informática, a los que se accede mediante enlaces de hipertexto (de ahí el “http://” que podéis encontrar en la barra URL de vuestro navegador).

En ambos casos no hay que confundir estas obras con los elementos que incorporan (ficheros, gráficos, fotografías, imágenes, vídeos, música…), que en muchas ocasiones son susceptibles de protección independiente. De las páginas web se protege:

  • El código fuente, como programa de ordenador.
  • El diseño de la página (presentación visual), siempre que sea original. Y no, el hecho de escoger una plantilla de 1and1 o similares no te da derechos sobre su diseño.
  • Los elementos independientes incorporados a cada página. El titular de la página, si no es autor de los mismos, necesita contar con el derecho de comunicación pública para incluirlos en su web.

En Propiedad Intelectual Hoy: Obras protegidas por la propiedad intelectual (I)

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Nespresso vs. Marcilla: La Guerra del Café se extiende a España

Ayer por la noche conocimos que Nespresso ha iniciado acciones legales en España contra Marcilla (grupo Sara Lee) por “infringir la propiedad industrial de la marca y por actos de competencia desleal”. Los que han estado al tanto de la actualidad durante los últimos meses no se habrán visto sorprendidos por la noticia; de hecho, en los últimos (¿dos?) años Nespresso ya ha demandado por lo mismo a Sara Lee en países como Bélgica, Holanda o Francia.

Cafetera Nespresso Citiz

Nespresso® CitiZ&milk

¿Cuál es el origen de la controversia? Como todos sabéis los productos Nespresso son, por un lado, unas cápsulas individuales de café molido y, por otro, unas máquinas específicas capaces de elaborar la infusión a partir del contenido de dichas cápsulas. La gama de máquinas cuenta con multitud de modelos para el mercado doméstico, así como otras especiales para cafeterías, oficinas, hoteles…

En general, todas las impresiones que he recogido sobre el funcionamiento de las máquinas y la calidad de la bebida resultante son excelentes. Ahora bien, todos los usuarios me comentaban los mismos dos inconvenientes: el elevado precio de las cápsulas y la dificultad para adquirir nuevos recambios (sólo en tiendas oficiales Nespresso, por internet o por teléfono).

Cápsulas Marcilla compatibles con NespressoY aquí es donde entró Marcilla. Si la memoria no me falla, en mayo de 2011 lanzó en España unas cápsulas compatibles a través de las principales cadenas de supermercados (Hipercor, El Corte Inglés, Carrefour, Alcampo, Eroski-Caprabo, AhorraMas…), en uno de los cuales adquirí la caja que veis en la foto.

El precio de las cápsulas de Marcilla es menor que el de las cápsulas originales (alrededor de un 25% menos) pero, sobre todo, eliminan la dependencia de los canales oficiales de distribución de Nespresso. Razones por las que Marcilla vendió en España más de 65 millones de cápsulas antes de fin de año, y por la que hoy se pueden encontrar en el supermercado al menos otras dos marcas que venden cápsulas compatibles con Nespresso.

Pasemos ahora a las afirmaciones de Nespresso en la demanda: “infracción de propiedad industrial de la marca” y “competencia desleal”. Dividiré la primera en tres eventuales infracciones: marcas, patentes y diseño industrial. Por partes:

Marcas:

No parece que haya infracción en este sentido: el nombre de la marca es distinto y la presentación y el envase son completamente distintos (de hecho, cada cápsula de Marcilla viene envuelta en un sobrecito de aluminio). En definitiva, y aunque estuvieran en la misma estantería del supermercado, no veo ningún tipo de dificultad para el consumidor a la hora de “distinguir en el mercado los productos o servicios de una empresa de los de otras” (art. 4 Ley de Marcas).

Me cuesta creer que alguien pueda confundir uno de estos productos con el otro...

Además, el art. 37 de la misma ley impide al titular de la marca “prohibir a terceros el uso en el tráfico económico, siempre que ese uso se haga conforme a las prácticas leales en materia industrial o comercial“; entre ellas, el uso necesario “para indicar el destino de un producto o de un servicio, en particular como accesorios o recambios“.

Patentes:

Según los folletos que podéis encontrar en cualquier tienda oficial de Nespresso:

En 1986, Nespresso revoluciona el universo del espresso con la invención de un sistema que permite reproducir fácilmente un espresso tantas veces como se quiera (…)“.

La primera reivindicación o "capa más externa de la cebolla".

En España, las patentes tienen una duración improrrogable de 20 años (art. 49 Ley de Patentes). No sé a qué “sistema” se refiere, pero si lo que afirma Nespresso es cierto, hace años que dejó de estar protegido.

El texto de una patente está compuesto por una descripción de la invención para la que se solicita la patente, una o varias reivindicaciones, y dibujos o figuras en caso de que fuesen necesarios para ilustrar la invención.

La protección, sin embargo, sólo alcanza a la reivindicación. Para obtener la mayor protección posible, ésta se redacta “a capas”: reivindicas una descripción general, y luego se especifica más y más. Cuanto antes “se pare” el examinador, mayor amplitud tendrá tu derecho.

En mi opinión, Marcilla tampoco infringe la patente de las cápsulas. Como veis, la reivindicación especifica el uso de un material del grupo al que pertenece el aluminio para la “copita con forma de tronco de cono” y ambas capas de “composite”.

Además, queda claro que se reivindica un envase completamente hermético e impenetrable hasta su uso. En cambio, la cápsula de Marcilla está fabricada enteramente en plástico, y cuenta con unas pequeñas perforaciones en ambos extremos. Por tanto, no parece que la filial de Sara Lee infrinja esta patente de Nespresso relativa a las cápsulas.

Diseño industrial:

El art. 1 de la Ley de Protección Jurídica del Diseño Industrial define el diseño como “la apariencia de la totalidad o de una parte de un producto, que se derive de las características de, en particular, las líneas, contornos, colores, forma, textura o materiales del producto en sí o de su ornamentación“. En mi opinión, tampoco hay infracción del diseño industrial. Al igual que sucedía con las cajas, las diferencias entre ambas cápsulas son más que evidentes:

Cápsula Nespresso vs. cápsula Marcilla frontal Cápsula Nespresso vs. cápsula Marcilla trasera

Competencia desleal:

Nespresso lleva a cabo un modelo de negocio conocido como “razor and blades“. Consiste en vender el bien principal a un precio muy bajo (o incluso gratis), y amortizarlo a través de la venta de accesorios, recambios o el servicio posterior. Son muchos los ejemplos que se pueden encontrar: las cuchillas de afeitar y los recambios, las videoconsolas y los juegos y accesorios, las impresoras y los cartuchos de tinta, las Blackberry y el BES/BIS…

Ahora bien, todo el que lleve a cabo un modelo de negocio de este tipo está obligado a soportar la competencia leal de otros fabricantes que lancen productos compatibles y no infractores de otros derechos. En la esquina inferior derecha de las cajas de Marcilla se puede leer la expresión “compatibles con las máquinas de café Nespresso®*“. El asterisco nos lleva al margen izquierdo, donde se puede leer: “Marca de una compañía no relacionada con Sara Lee Southern Europe, S.L.“.

Personalmente, no veo por ningún lado engaño, confusión, denigración, comparación, imitación, explotación de la reputación ajena… o cualquier otra conducta que pueda considerarse desleal.

Conclusiones:

Creo que Marcilla no tiene nada que temer. Desde luego tendrá que defenderse en los tribunales pero, con lo que he podido averiguar sobre el caso (la tienda de Nespresso de mi ciudad, un supermercado e internet), no creo que la demanda prospere. Lexmark intentó sin éxito algo parecido hace unos años (caso Lexmark Int’l vs. Static Control Components), y ahora los fabricantes de impresoras se limitan a enrevesar los diseños para retrasar todo lo posible la aparición de cartuchos de marca blanca. Al final, estamos con lo mismo de siempre: todos estamos encantados con que haya libre mercado, pero luego a nadie le gusta que le hagan la competencia.

Por último, ¿qué dice Nespresso sobre todo esto? Sobre la estrategia legal, evidentemente, no se habla. Y sobre las dosis de Marcilla, ningún comercial os dirá explícitamente que no sirven. Eso si, “no se garantiza que la máquina vaya a funcionar con cápsulas distintas a las originales de Nespresso“. De hecho, la garantía no cubre los desperfectos provocados por el uso de otras cápsulas.

Obras protegidas por la propiedad intelectual (I)

El objeto de protección de la propiedad intelectual está definido en el artículo 10 LPI (Obras y Títulos originales). Según dicho texto legal:

1. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas:

  1. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.
  2. Las composiciones musicales, con o sin letra.
  3. Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.
  4. Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.
  5. Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.
  6. Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.
  7. Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.
  8. Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.
  9. Los programas de ordenador.

2. El título de una obra, cuando sea original, quedará protegido como parte de ella.

Lo primero que hay que decir de esta lista es que no es numerus clausus, es decir, que es una lista abierta. Expresiones como “cualquier medio”, “actualmente conocido o que se invente en el futuro” o, sobre todo “entre ellas”, indican la clara voluntad del legislador de situar la originalidad como único requisito. La lista recoge las formas de creación más comunes en el momento de aprobación de la ley, pero dejando la puerta abierta. Algo de sentido común teniendo en cuenta que la vigente LPI es de mediados de los noventa, justo en medio del boom de internet.

Desde entonces han aparecido nuevas formas de crear y nuevos tipos de obra, que también se protegen en caso de ser originales. De hecho, algunos tipos de obra actuales tienen un encaje bastante forzado en esta lista. Es el caso, por ejemplo, de los videojuegos. La grandísima mayoría son obras originales, pero aún se discute si se trata de obras audiovisuales o de programas de ordenador. La postura mayoritaria es los considera programas de ordenador, aunque por razones distintas. A la industria le conviene más el manto protector del software para defender sus inversiones millonarias, mientras que la doctrina suele hacer más énfasis en el inescindible componente interactivo de esta clase de entretenimiento. Al final casi todos coincidimos en que lo mejor sería crear una nueva categoría de obra y dotarla de regulación específica.

Pong Videogame

Atari lanzó "Pong" en 1972, y se convirtió en el primer videojuego de éxito comercial.

Aunque en el futuro trataremos con más detalle algunos tipos de obra y sus respectivos contratos de cesión de derechos, conviene hacer algunos comentarios generales.

a. Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.

Las obras literarias o del lenguaje también están expuestas mediante una serie de ejemplos variopintos, pero no limitativos (“y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza“). Basta con que se expresen en un lenguaje, por muy formalizado (tecnicismos, lenguajes de programación informática…) o marginal (dialectos, braille…) que sea. La originalidad de estas obras (y, por tanto, la protección que reciben) no sólo se exige en la expresión formal (combinación de palabras), sino también en los argumentos y personajes.

Sherlock Watson BBCA estas alturas supongo que todos entenderéis que los argumentos generales del estilo de “alguien comete un crimen y otra persona, ajena al torpe cuerpo de policía, resuelve el misterio”, carecen de originalidad suficiente. Ahora bien, si el crimen es la extorsión a un miembro de la familia real inglesa, entremezclado con otro fallecimiento accidental y con una operación antiterrorista del MI6, la cosa cambia.

Además, añadimos un protagonista joven, analítico, extremadamente inteligente, con conocimientos técnicos que superan los incluidos en la enciclopedia británica, nociones de defensa personal y una notable falta de empatía por sus semejantes. Dicho personaje es acompañado por un doctor militar retirado, herido en una pierna, que recoge por escrito las experiencias que viven al enfrentarse a una misteriosa mujer o a una privilegiada mente criminal. En este caso, la originalidad tanto del argumento como de los personajes es innegable. [off topic: la serie “Sherlock” de la BBC es imprescindible].

Portada de "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

Ilustración de la novela "Las Brumas del Olvido" (Borja Vaz), por Arantza Marichalar

A veces surgen problemas de originalidad con los textos periodísticos o las descripciones de acontecimientos históricos (las llamadas factual works), ya que ni los datos ni los hechos históricos son considerados “originales” por la LPI.

Algo parecido pasa con los informes, cartas formales… pero teniendo en cuenta que los manuales de instrucciones para montar mamparas de baño son originales, en la práctica pocos casos quedarán fuera del derecho de autor.

También es muy frecuente que las obras literarias integren ilustraciones u otras obras plásticas (empezando por la portada), creando obras complejas. En todo caso los autores conservarán los derechos sobre sus creaciones, en lugar de pasar a ser coautores de la obra compleja. La cesión contractual necesaria para la explotación de este tipo de obras se ubica fundamentalmente en el contrato de edición (arts. 58 y ss. LPI), del que hablaremos en otro momento.

b. Las composiciones musicales, con o sin letra.

Por su parte, las obras musicales se expresan a través del sonido. La originalidad ha de darse en la combinación de sus tres elementos fundamentales: armonía, melodía y ritmo. Dicha originalidad puede existir incluso en sintonías muy breves, tal y como dictaminó el Tribunal Supremo en un caso sobre una de las sintonías de Radio Nacional de España (STS 30-10-1995). En el caso de las composiciones con letra, ésta también se protege. Una canción que una música y letra es una obra compleja (la suma de dos obras “simples”). Sin embargo, de modo análogo a lo que sucedía con los argumentos generales, no se protegen los acordes, escalas, ritmos y armonías básicos, tonos…

En general el autor de una obra musical tiene menos libertad creativa, ya que el lenguaje es más limitado. Surgen por tanto dudas sobre  la entidad que han de tener los cambios sobre una primera obra para poder hablar de una segunda. Por ejemplo, ¿basta el mero cambio de ritmo para crear una obra nueva? Los arreglos musicales de instrumentación u orquestación de una obra se protegen, pero como obra derivada. Hablaremos más sobre las obras derivadas al tratar el derecho de transformación. Por su parte, el popurrí de canciones también está protegido como selección de obras ajenas.

David Guetta

David Guetta, DJ y productor musical

En esta última categoría del popurrí podrían entrar también los DJs. Si alguno de vosotros, queridos lectores, se dedica a pinchar discos, que siga leyendo antes de sentirse ofendido. A los DJs les gusta considerarse autores y, como vemos, podría llegar a considerarse que crean obras derivadas. Sin embargo, la explotación comercial de una obra obtenida a partir de otra anterior requiere el consentimiento del autor de esta última (del titular de los derechos, para ser precisos). Y no me suena que los pinchadiscos cuenten con dichas autorizaciones…

Continuando con esta idea, puede darse la ocasión en que el ejecutante de una obra musical improvise lo suficiente como para convertirse en coautor del resultado (junto con el autor de la partitura), o incluso en autor de una obra distinta. Es lo que sucede, por ejemplo, en las improvisaciones de jazz a partir de un tema básico. Por último, al igual que sucede con las obras literarias y plásticas, tampoco es extraño que una obra musical se integre en una obra compleja como una obra cinematográfica, una ópera, un musical, una obra multimedia… 

En la próxima entrada se comentarán brevemente el resto de las obras que menciona el artículo 10 LPI.

Derecho de autor y originalidad (y III): ¿Qué opina el Tribunal Supremo?

Una ley no es más que papel impreso si luego no se aplica. Siempre se ha dicho que el Derecho va un poco por detrás de la realidad social. En el caso de la propiedad intelectual e industrial, a veces da la impresión de que dicho retraso es más pronunciado que en otras áreas de la práctica jurídica. Por ello el criterio de los Jueces y Tribunales se vuelve todavía más relevante si cabe. En esta entrada resumiremos brevemente qué entiende por originalidad el Tribunal Supremo español, mediante fragmentos de algunos casos paradigmáticos en los que las dudas sobre si una creación o no es original estaban, cuando menos, plenamente justificadas. Quiero hacer también dos advertencias: respetaré todo lo posible la redacción original, que en ocasiones resulta excesivamente farragosa, y en todos los casos las negritas son mías.

Caso “Enciclopedia de Zamora: STS de 20 de febrero de 1992 (RJ 1992\1329).

Catedral de Zamora

Catedral de Zamora. Foto de Roland Nizet (Structurae)

El titular de los derechos de la obra “Enciclopedia de Zamora”, cuyo primer volumen corresponde a “El Románico en Zamora”, demandó a la Diputación de dicha provincia por la publicación de un álbum de cromos titulado “El Arte en la Provincia de Zamora”. En opinión del demandante, las imágenes del álbum y de los cromos infringían los derechos que ostentaba gracias a la enciclopedia.

El Juez de primera instancia estimó la demanda, siendo revocado el fallo en segunda instancia. El Tribunal Supremo dictaminó que, limitándose el parecido a la presencia de fotos y descripciones de monumentos (distintas entre sí), no había infracción:

“(…) ni por su título, ni por sus autores, ni en su contenido, coincide la obra del actor con la de la Diputación de Zamora, tampoco en su texto literario y si forzosamente, al tratar la misma materia coinciden algunos de los monumentos a los que se refieren una y otra obra, es lo cierto que nos encontramos ante dos obras distintas y perfectamente diferenciables la una de la otra, sin que se aprecie copia o plagio en la de los demandados respecto a la del autor (…)”.

“(…) si el sistema de edición utilizado es del común patrimonio de la sociedad porque es una forma amplísimamente practicada en todos los ámbitos del saber humano como instrumento de conocimiento y divulgación y si la materia a tratar es de una objetiva plasticidad como lo es el arte monumental y de una realidad sensitiva que sin embargo requiere para su descripción de una multiforme literatura producto en cada caso de la subjetiva apreciación del autor que lo describe, es patente que esa imaginación creativa y su traducción en palabras de la percepción sensitiva referida, no podrá nunca escapar de esos denominadores comunes como son el monumento en sí, el estilo a que corresponda y la terminología específica con que se denomina cada uno de los elementos físicos que lo componen y de ahí que si ambas producciones en confrontación tienen puntos comunes de exposición no puede argüirse que sean copia o plagio la producción artística de los demandados de la del actor; y no es de despreciar la idea de que en estas hipótesis, la excesiva o estricta apreciación de lo que supone copia de lo producido por otro, llevaría consigo un valladar que yugularía el acicate imaginativo que proyecta su diversidad en un enfoque y óptica distinta respecto de un mismo monumento u obra de arte, que obviamente es un objeto que escapa de la órbita patrimonial particular ya que están comprendidos dentro del acervo moral y sensitivo de la comunidad y de la de aquéllos, los particulares, tienen pleno derecho a traducir a través de sus sentencias, el efecto espiritual que les procura su contemplación que sólo puede expresarse por medio de la palabra oral o escrita.”

Caso “Cuadernos Rubio”: STS de 7 de junio de 1995 (RJ 1995\4628)

Cuadernos de caligrafía RubioLos titulares de los derechos de los conocidos cuadernillos de caligrafía “Rubio” demandaron a los editores de otros cuadernillos similares (“Sis-Set”), al entender que estaban plagiando su obra original.

El Juez de primera instancia estimó parcialmente la demanda, y la Audiencia Provincial amplió las peticiones estimadas. Según el Supremo, siendo los cuadernillos una obra original, en casos de este tipo basta con que haya diferencias mínimas para evitar el plagio:

La sentencia de primera instancia delimitó, con todo acierto, el posible alcance de la producción, limitándola a lo que formalmente pudiera considerarse original en cada caso de realización material de un cuaderno, para consignar que en el caso presente, la originalidad particular era tan mínima que la correlativa perspectiva de plagio quedaba enormemente limitada, pues basta «la variación de ejemplos, dibujos, colores o diseño» para que resulte una obra distinta basada en iguales ideas pedagógicas (…)“.

En el caso presente, aparte de que el contenido pedagógico o científico de los simples cuadernos impresos sea tan mínimo como carente de originalidad, la diferencia global entre los cuadernos del actor y de los demandados es radical, tanto en lo que se refiere a sus denominaciones, como a sus demás aspectos de presentación gráfica, limitándose las imputaciones del actor a coincidencias aisladas en elementos de «contenido» que no están amparados por la legislación sobre propiedad intelectual, mientras que falta toda alegación de coincidencia formal en un solo dibujo, en una sola frase literal, etc., es decir, una sola coincidencia en la forma concreta utilizada para la exteriorización o la visualización de las ideas, sean éstas o no comunes o vulgares (…)“.

Caso “Natural Mampara de Baño”: STS de 30 de enero de 1996 (RJ 1996\540)

Mampara de ducha

Fuente: Decorablog

Los fabricantes de una mampara de baños demandan a otra empresa que fabricaba la misma mampara, y adjuntaba una copia literal del manual de instrucciones para su montaje. La demandada reconvino, alegando la nulidad del modelo industrial.

La Audiencia Provincial determinó que el modelo era nulo por pertenecer al dominio público, criterio que compartió el Supremo. Sin embargo, a pesar de las alegaciones de la empresa reconvenida, el manual se consideró original en el sentido exigido por la Ley de Propiedad Intelectual:

(…) Sostiene, en este sentido, la parte recurrida que no tiene amparo la pretensión de la recurrente porque un folleto conteniendo instrucciones para el montaje de una mampara no es una obra ni artística, ni literaria ni científica, debiendo señalar que el artículo 5 de la Ley de Propiedad Intelectual indica como autor de la obra a la persona natural y no jurídica, salvo las excepciones previstas en la Ley (no aplicables al caso) que crea una obra literaria, artística o científica. Es decir, la recurrente, que es una persona jurídica, no tiene la calidad de autor con arreglo a la Ley y carece de legitimación para ejercitar acciones por tal concepto.

Asimismo, mantiene que el apartado 1.a) del artículo 10 no se refiere al folleto en cuestión, sino a una auténtica creación literaria, pues en el presente caso el folleto está íntimamente unido al producto fabricado, que es quien tendría protección legal, ya que es evidente que su titular está habilitado para desarrollar el objeto protegido en todas las facetas en que ha de desenvolverse, de ahí que no pueda dividirse la continencia de la causa, dando una protección distinta, por un lado, al objeto fabricado y, por otro al folleto explicativo de montaje. Por ello es inaplicable al presente caso el artículo 17 invocado de contrario.

Pero la verdad es que cualquiera que sea el valor literario del folleto, entendido como calidad noble del arte de la expresión por medio de la palabra, lo que la Ley protege es la creación original de una composición del lenguaje escrito de modo que en el caso tal característica se da, y, por ello, procede acoger el motivo pues, aunque el autor no conste, ya que el ejercicio de los derechos de la propiedad intelectual corresponde a la persona jurídica que la saque a la luz con el consentimiento del autor (artículo 6.º.2), mientras éste no revela su identidad y ningún dato expresa que la empresa haya actuado torcidamente respecto de los derechos en cuestión“.

Caso “Anuncios por palabras de La Vanguardia”: STS de 13 de mayo de 2002 (RJ 2002\6744)

Anuncios clasificadosUna revista titulada “Sol” (Setmanal d’oportunitats laborals), se dedicaba a publicar ofertas de empleo aparecidas en otros medios de comunicación, entre ellos La Vanguardia. Al principio hacía constar la fuente de procedencia; más tarde empleó una fórmula genérica (“prensa diaria”), omitiendo por último cualquier referencia a la fuente de procedencia de los anuncios.

La Vanguardia demandó a la editorial de la revista, obteniendo una sentencia favorable en primera instancia. La demandada apeló, y la Audiencia revocó la sentencia anterior. El Supremo, por último, entendió como el Juez de primera instancia que sí había infracción de los derechos de propiedad intelectual:

(…) Ante todo hay que proclamar que la persona jurídica recurrente en casación es la editora y propietaria de una obra colectiva de publicación y que desde luego ostenta la titularidad de los derechos de explotación de la misma. Abarcando dichos derechos sobre la totalidad de tal obra colectiva, así como sobre aspectos parciales de la misma, que en el presente caso abarcarán la sección de ofertas laborales. Todo ello se infiere, aparte de ser reconocido en la sentencia recurrida, de una interpretación lógica del artículo 8 de la Ley 22/1987, puesto que dicha obra colectiva cuyo aspecto parcial es el de las ofertas laborales, supone una actuación de medios personales y materiales, dirigida a un fin concreto de edición y divulgación, que necesita una actividad coordinadora ineludible, sin que puedan separarse los derechos de dicha obra colectiva en favor de sus realizadores concretos.

(…) Pues no se puede aceptar que con un enfoque hermenéutico de la normativa de la propiedad intelectual, dichos anuncios de ofertas laborales recogidos de una publicación por otra, ya sea «per se» o como integrantes de un «totum», deban quedar sin el amparo lógico de toda propiedad intelectual, por no tener tal naturaleza.

Y ello no es asumible, desde el instante mismo que dichos anuncios conocidos con la denominación de «ofertas de empleo o trabajo», suponen lisa y llanamente una actividad creativa con cargas de originalidad, que no puede encasillarse en cláusulas de estilo o usos tipográficos.

No hay que olvidar en ese aspecto, que un ofrecimiento de un puesto de trabajo, con la carga socio-económica que supone, precisa una actividad intelectual de cierto calado para hacer atractiva la oferta y con el fin de obtener un éxito que redundaría a favor, tanto del oferente como del futuro solicitante, así como del medio en el que se plasma la misma, que tiene, por ello, el derecho a ser protegido en su afán creador.

Estos ejemplos demuestran que cumplir con la originalidad que exige la LPI no es tan difícil como pudiera parecer en un principio. Los anuncios por palabras tienen la limitación de ser lo más breves y descriptivos que sea posible. Los manuales con instrucciones de montaje, si desean cumplir esa función, han de ser claros y no dejar lugar a la creación en el sentido de “ficción”. Si tanto los primeros como los segundos se consideran creaciones originales, casi con toda seguridad ese relato que todos tenemos pendiente de poner por escrito será también original y, por tanto, protegido por la propiedad intelectual. Ahora bien, no olvidéis que la propiedad intelectual sólo os garantiza defensa en caso de que alguien utilice vuestra obra sin autorización; si además queréis vivir de vuestras creaciones me temo que, además de originales, habrán de tener un mínimo de calidad. En este sentido, el mercado no perdona.

En Propiedad Intelectual Hoy: Derecho de autor y originalidad (I) y Derecho de autor y originalidad (II)

¿Es el titular de la línea responsable de las descargas efectuadas a través de ella?

Pareja discutiendo

"Cariño, te lo puedo explicar. Te aseguro que se han confundido de persona con esta demanda...".

Hoy hemos conocido que Liberty Media, una productora de cine para adultos, ha demandado a más de 50 ciudadanos de Massachusetts. ¿El motivo? Haber descargado y compartido a través del protocolo para el intercambio de archivos BitTorrent una película de porno gay. La “prueba” fundamental de la productora es el rastreo de las direcciones IP que han realizado las descargas. En opinión de Liberty Media, los titulares de las líneas telefónicas han de responder por las pérdidas, incluso cuando no hayan cometido efectivamente el acto ilícito (la traducción y las negritas son mías):

Los demandados no protegieron adecuadamente sus accesos a internet, ya fueran a través de un ordenador físicamente conectado a un router o accesible a varios equipos a través de una red inalámbrica. (…) La negligencia de los demandados permitió que otros copiasen y compartiesen ilícitamente la película del demandante, causándole un daño patrimonial e infringiendo sus derechos exclusivos sobre la película“.

Sobre las consecuencias jurídicas del uso de programas P2P hablaremos más adelante. De momento expondré “a vista de pájaro” los aspectos más relevantes en relación con esta noticia (si hay algún informático en la sala, que me perdone por la excesiva simplificación). La inmensa mayoría de los programas de intercambio de archivos permiten ver, de manera sencilla y sin necesidad  de demasiados conocimientos técnicos,  las direcciones IP de los ordenadores que están descargando un archivo determinado. La dirección IP es una especie de matrícula que identifica a un ordenador conectado a internet; esta dirección puede ser fija, o cambiar pasado un determinado intervalo de tiempo (IP dinámica).

La mayoría de las redes domésticas asignan direcciones IP dinámicas de manera aleatoria (de ahí que se reinicie reiniciase el router para ver más de 72 minutos seguidos en Megavideo). Sin embargo, vuestros proveedores de servicio (Telefónica, Jazztel, ONO…) pueden identificar al titular de la línea si, además de la IP (que cambia pasado un tiempo), conocen el día y la hora de dicha conexión. En ese caso, no hay confusión posible. Así como dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, dos ordenadores no pueden “circular” a la vez por internet con la misma “matrícula”.

Hasta aquí bien, pero deducir de lo expuesto que el titular de la línea tiene que responder del hecho de que se efectúen descargas a través de su conexión a internet es totalmente desproporcionado. De hecho, sin forzar demasiado los supuestos que entran dentro de lo razonable, que el titular de la línea sea el que efectivamente se descarga los archivos no tiene por qué ser ni siquiera lo más probable.

Pongamos como primer ejemplo una familia compuesta por matrimonio y dos hijos en edad universitaria, que vive en un bloque de apartamentos. Lo más normal será que contraten una sola línea de ADSL, repartida a los distintos ordenadores a través de conexiones ethernet (o, como le diría a mi madre, “el cable ese que es como el del teléfono pero más gordo“) y conexiones inalámbricas. En ese caso, las descargas podrían ser realizadas por cualquier miembro de la familia. Además no es arriesgado suponer que los hijos sepan más sobre cómo funcionan “las cosas esas de internet” que sus padres. Resultado: las probabilidades de que sea el titular el que descarga son, como máximo, del 25%.

wifi_gratisPensemos a continuación en las redes inalámbricas abiertas al público: espacios de la vía pública, hoteles, cafeterías, aeropuertos, centros cívicos, universidades, bibliotecas o incluso particulares que, por filosofía o desconocimiento, ponen su red a disposición de cualquiera que esté dentro del radio de alcance. ¿Vamos a considerar al Ayuntamiento responsable de lo que cualquiera pueda hacer a través de la red pública de la ciudad?

Por último, la seguridad de los routers domésticos no es inviolable, y menos si nadie modifica la configuración por defecto. De hecho, ni siquiera hace falta que se trate de un hacker de amplios conocimientos y mayor experiencia. Vuestros propios vecinos tienen a su disposición un programa que calcula las contraseñas por defecto de las redes inalámbricas de dos de los mayores proveedores de internet. Tienen incluso un vídeo que guía a través del proceso de descifrado paso a paso. ¡Ah! Si alguno de vosotros todavía tiene su red inalámbrica con cifrado WEP, que sepa que es como ofrecer barra libre de internet a todo el que pase por allí.

Lo más “curioso” (por usar un eufemismo) es que estos motivos fueron aducidos por la Recording Industry Association of America (también productores, en este caso de discos), cuando se supo que desde sus ordenadores se habían descargado archivos protegidos por derecho de autor, como las cinco primeras temporadas de la serie “Dexter”. Es más, decidieron tomarnos por tontos alegando que las direcciones IP infractoras eran “parecidas” a las suyas. Casi hubiera preferido que se limitaran al argumento de “ha sido otro a través de mi red” (que también argumentaron y, reitero, no me parece descabellado), aunque en ese caso hubieran tenido que dar bastantes más explicaciones que cualquiera de nosotros sobre sus sistemas de seguridad. Como no podía ser de otro modo, rápidamente fueron puestos en evidencia por TorrentFreak. Vosotros, queridos lectores, también podéis satisfacer vuestra curiosidad por saber hasta qué punto han quedado registradas vuestras descargas a través del protocolo BitTorrent. Para ello sólo tenéis que entrar en la web de YouHaveDownloaded.

A título personal, creo que la dirección IP, por sí sola, no constituye nexo causal suficiente para hacer a nadie responsable del ilícito civil que supone descargar archivos bajo derecho de autor. Ahora bien, no hay que olvidar que la industria del entretenimiento lleva años defendiendo que la mera IP es prueba de culpabilidad suficiente. Pero (¡oh, sorpresa!), cuando les toca a ellos va y resulta que, como si de un patio de colegio se tratase, “no se vale”. Si quieren recuperar el respeto del público (que, a fin de cuentas, somos los que les damos de comer), comportarse con un mínimo de seriedad y olvidarse de dobles raseros sería todo un comienzo. Aquí o todos, o ninguno.

Derecho de autor y originalidad (II):

En la última entrada intentábamos definir qué es la originalidad, y cómo ésta debe suponer mayor o menor novedad dependiendo del tipo de obra. Ahora bien, el concepto legal de originalidad no va más allá de lo que en su momento definimos: expresión de la subjetividad del autor y (en menor medida) novedad objetiva. Nada más. La LPI no protegerá determinadas obras que no cumplen estos requisitos, por mucho que sintamos la tentación de incluirlas bajo el manto protector del derecho de autor. Entonces, ¿qué no supone originalidad?

La originalidad no depende, en primer lugar, de la altura creativa. El derecho de autor no exige que una obra sea “buena” o “de calidad” para protegerla. Da igual que la obra sea una basura, mientras sea original. La calidad artística ya se recompensará a través del reconocimiento y del éxito (o no), pero eso no le importa a la propiedad intelectual. Para la LPI, un cuadro de Antonio López y otro que pueda pintar yo cualquier día de estos son igual de valiosos. Es cierto que no pagará la misma indemnización quien plagie a Antonio López que quien me plagiase a mí. Pero esa diferencia existe porque el daño reputacional sería mucho menor en mi caso, no porque mi obra sea menos obra en cuanto a “obra” que la del afamado pintor y escultor manchego.

Madrid desde Torres Blancas Antonio López

"Madrid desde Torres Blancas", de Antonio López (1936 - presente).

Mi ciudad Julia Peña

"Mi ciudad", de Julia Peña (2005 - presente).

La originalidad tampoco depende del tiempo y esfuerzo que haya dedicado el autor. Una obra creada con rotuladores Carioca en 5 minutos tendrá la misma protección que un óleo sobre lienzo en el que se hayan invertido meses de trabajo. Lo que al otro lado del charco llaman “sweat of the brow” (sudor de la frente), no influye a la hora de decidir si una obra es o no protegible por derecho de autor.

En relación con esto último hay que decir que el derecho de autor no protege los meros datos, al carecer de originalidad, por mucho tiempo y dinero que se haya invertido en su recopilación. Existe una protección para las bases de datos originales, de la que hablaremos en otra ocasión. Un ejemplo claro sobre meros datos es el de Feist vs. Rural, que tuvo lugar en Estados Unidos a principios de los años noventa. Feist Publications, Inc., copió información de una guía telefónica elaborada por Rural Telephone Service Co., para después incluirla en su propia guía. A Rural, comprensiblemente, no le hizo demasiada gracia, y demandó a Feist por infracción de sus derechos de autor. El caso llegó hasta la Corte Suprema, que dictó sentencia el 27 de marzo de 1991 dictaminando que los datos de la guía telefónica no son suficientemente originales como para que se les aplicase el derecho de autor.

El último teorema de Fermat en la Aritmética de Diofanato

Edición de 1670 de la Arithmetica de Diofanto, que incluye el comentario de Fermat conocido como "Último teorema" .

Por la misma falta de originalidad, el derecho de autor tampoco se extiende a las ideas (por muy originales que puedan ser), modelos de negocio, métodos, teorías, fórmulas, algoritmos matemáticos, letras, palabras, notas musicales, etc. Y no, no importa absolutamente nada el dinero y esfuerzo invertidos, o el valor intelectual que tenga el descubrimiento (piénsese, por ejemplo, en el último teorema de Fermat). Se protege la expresión concreta y original de dichas ideas, teorías, métodos… Es decir, la LPI protegerá como obra literaria el artículo científico que desarrolla y explica el nuevo descubrimiento. Pero si un tercero “sigue las instrucciones” de dicho texto y lleva a cabo el procedimiento descrito, el autor no podrá recurrir al derecho de autor para evitarlo. Podrá impedirlo acudiendo al derecho de patentes si la invención cumple los requisitos, o manteniendo el descubrimiento bajo secreto industrial, pero sólo podrá demandar por infracción de sus derechos de propiedad intelectual en caso de que alguien plagie su artículo.

Continuando con los métodos, tampoco se protegen los estilos creativos. Los herederos de Braque o de Picasso no tienen derechos sobre el cubismo, y lo mismo sucede con el fauvismo, el impresionismo, el puntillismo y el resto de “-ismos”. Sois completamente libres de hacer un retrato pop art de vuestra mascota, y de explotarlo comercialmente sin pagar royalties a los titulares de los derechos de Andy Warhol. Eso sí, luego no esperéis que os conozcan por vuestro nombre…

Por último, quedan fuera del aspecto de protección las obras que de algún modo forman patrimonio de una sociedad. Pensad por ejemplo en tallas, edificios y monumentos de toda clase, pero también en la cultura tradicional y el folklore: trajes tradicionales, versos, canciones, acertijos, enigmas, cuentos, leyendas…

Son obras que forman parte del dominio público. Imaginemos, por un momento, que sí estuviesen sujetas a derecho de autor. Los problemas surgen inmediatamente, y son imposibles de solucionar: ¿Quién es el autor, para respetar su derechos morales de paternidad e integridad de la obra? ¿Quién va a hacer de titular de los derechos para otorgar las autorizaciones y cobrar el importe que se fije? La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual intentó aprobar un tratado regulador del folklore, haciendo un gran esfuerzo por dejar al margen las cuestiones políticas y discutir la parte técnica, pero presentaba estas y otras dificultades que impidieron su firma. Al final imperó el sentido común y se decidió que el folklore sería de titularidad colectiva. Sigue habiendo preocupación, sin embargo, por evitar los expolios y la desaparición de culturas minoritarias. Por lo demás cualquiera puede coger un estribillo tradicional de, por ejemplo, Camerún, e incluirlo en una de sus canciones:

En Propiedad Intelectual Hoy: Derecho de autor y originalidad (I) y Derecho de autor y originalidad (y III): ¿Qué opina el Tribunal Supremo?