El FBI cierra Megaupload.

Actualización [01-02-2012]: La Electronic Frontier Foundation está preocupada por los datos de los usuarios: “Nos preocupa que tantos usuarios legítimos de Megaupload hayan visto cómo se les quitaba su propiedad sin ningún aviso, y sin que el gobierno haya tomado ninguna medida para ayudarlos. Creemos que es importante que se escuche la voz de estos usuarios en el desarrollo de este proceso” (traducción libre). Para ello ha habilitado una página desde se invita a los afectados a enviar una solicitud para tener acceso a sus archivos almacenados. Eso sí, de momento sólo está disponible para los usuarios de Estados Unidos. Fuente: XatakaOn.

Actualización [31-01-2012]: Carpathia Hosting ha emitido un comunicado manifestando que “no tiene (ni ha tenido nunca) acceso a los contenidos de los servidores de Megaupload, y que no tiene ningún mecanismo para devolver el contenido de dichos servidores a ninguno de los clientes de Megaupload” (traducción libre). Por su parte, el abogado de Megaupload Ira Rothken ha anunciado un acuerdo con Carpathia Hosting y Cogent Communications Group para conservar los datos, al menos, durante dos semanas más. Mi opinión sobre estas últimas noticias alrededor de la pérdida de datos coincide con la que expresaba el abogado David Maeztu a través de Twitter: los datos de los equipos incautados en delitos se borran cuando se condena. ¿A qué viene tanta prisa por borrar cualquier rastro? ¿Por qué se priva a los legítimos propietarios de los datos cualquier esperanza de su recuperación nada más empezar? ¿Qué hay guardado en esos servidores tan importante como para que la administración americana esté dispuesta a asumir el aluvión de demandas de los usuarios, en vez de costear el hosting hasta que haya sentencia? Preguntas que deben ser respondidas de forma satisfactoria, y más después de saberse que el cierre de Megaupload no fue reciente por casualidad.

Actualización [30-01-2012]: Carpathia Hosting y Cogent Communications Group, dos de las empresas que almacenan los datos de Megaupload, han anunciado que podrían empezar a borrar datos de los servidores de Megaupload a partir del jueves 2 de febrero. Espero que aquellos que tuvierais datos personales en Megaupload tengáis otra copia de seguridad, porque parece que a los americanos la propiedad privada de más de cincuenta millones de usuarios en todo el mundo les importa bastante poco. Fuente: The Guardian.

Actualización [24-01-2012]: El abogado Robert Bennett ha tenido que retirarse del caso Megaupload por un conflicto de intereses con al menos otro cliente de su bufete de abogados, aunque se rumorea que la verdadera causa han sido las fuertes presiones de la industria del entretenimiento. Ira Rothken, otro de los abogados de Megaupload, ya está buscando sustituto. ¿Alguien se anima?

No tenía pensado escribir sobre enlaces e intercambio de archivos hasta dentro de unos cuantos posts más, pero la actualidad obliga. La noche del jueves recibíamos la primeras informaciones sobre el cierre por parte del FBI de Megaupload, uno de los principales repositorios de contenido del mundo. El Departamento de Justicia ha imputado a siete personas y detenido a cuatro, entre las que se encuentra el fundador del portal.

Logo de Megaupload

En el escrito de acusación se les imputan delitos de conspiración para infringir los derechos de autor, conspiración para el blanqueo de capitales, infracción criminal de los derechos de autor y conspiración para cometer extorsión, entendiendo que los imputados se comportaban como una banda criminal organizada.

Al parecer, la conducta del Sr. Dotcom y del resto de los detenidos iba mucho más allá de la mera administración. La política de aviso y retirada de archivos infractores no se cumplía; en palabras de Dotcom: “Os he dicho muchas veces que no borréis links de fuentes tan insignificantes. (…) Y el hecho de que hayamos tenido pérdidas significativas por ello justifica mi reacción”.

Además, no había verdadera retirada de contenidos. Cuando un archivo era subido por primera vez a Megaupload se le asignaba un código unívoco llamado MD5, originado a partir de sus características (tipo de archivo, tamaño…). Cuando otro usuario subía el mismo archivo, aunque fuera con otro nombre, el sistema lo detectaba y, en lugar de subirlo de nuevo, generaba otro enlace. Cuando el titular reclamaba, los administradores se limitaban a borrar los enlaces protestados, a pesar de tener capacidad para eliminar los archivos. Esto se sabe porque, según el escrito de acusación, los administradores borraron de sus servidores vídeos de pornografía infantil, localizándolos a través de su código MD5.

Paragraph 22 Megaupload Indictment

Por si no fuera poco, se recompensaba económicamente a aquellos uploaders que colgasen los archivos más descargados. Los pagos eran monetarios a través de Paypal (hasta 55.000 dólares en algún caso) o en especie, regalando cuentas premium de la plataforma. En resumidas cuentas, los detenidos tenían perfecto conocimiento efectivo (en el sentido legal del término) de la presencia de archivos con copyright en Megaupload, y no hicieron nada al respecto. Es más, fomentaban activamente la subida de archivos protegidos. Difícilmente podrán argumentar que se limitaban a administrar unos servidores infestados de archivos con copyright, o que controlar todo el contenido es imposible, cuando de los correos electrónicos intervenidos también se extrae que ellos mismos llegaron a colgar parte del material infractor. A la vista de la gravedad de las penas solicitadas, y del innegable impacto mediático, Dotcom ha contratado los servicios del abogado que defendió a Bill Clinton en el caso Lewinsky.

Que el FBI cierre un negocio basado en el lucro a partir del trabajo y esfuerzo ajenos es una gran noticia. A estas alturas el argumento de “Megaupload es una herramienta neutra” no vale, visto que el uso que de ella hacían los administradores no era lícito. Se calcula que el daño a la industria del entretenimiento roza los 500 millones de dólares, y que los beneficios de la llamada Mega Conspiración rondaban los 175 millones de dólares. Ahora bien, en operaciones de esta entidad es casi imposible evitar los daños colaterales:

  • Inseguridad jurídica: Cualquier empresa con oficinas o recursos en EEUU puede ser cerrada de la noche a la mañana para todo el planeta por violaciones de derecho de autor. Conviene recordar que el derecho de autor varía según los países, y lo que en algunos es una infracción, en otros está permitido. Ante esta situación, las empresas se ven obligadas a implementar todo tipo de mecanismos de detección automática, cierre de cuentas, apelación de usuarios… con los costes que supone. Puede que a partir de hoy a más de una empresa de cloud computing le compense abandonar California. Por último, la inseguridad se extiende hasta los usuarios. No conozco el Derecho americano, pero es posible puedan iniciarse procedimientos contra aquellos que compartieron archivos protegidos (sobre todo si fueron recompensados por ello).
  • Inseguridad de información personal en la nube: Los usuarios de todo el mundo se han encontrado con que no pueden acceder a archivos que son de su propiedad. Es un problema gravísimo que crecerá hasta que se establezca un mecanismo para su recuperación. EEUU no tiene ningún derecho sobre esos archivos y debería responder de los daños causados, aunque sean un mal menor comparado con el beneficio de cerrar una fuente tan grande de piratería. Eso sí, a la hora de calcular los daños habrá que tener en cuenta que el usuario podría haber escogido otro servicio de almacenamiento con menor presencia de archivos protegidos por copyright y, por tanto, con menos riesgo de que sucediera lo que finalmente ha sucedido.
  • Pérdida de privacidad: La justicia norteamericana probablemente ordenó la copia de los datos de los 60 servidores incautados a MegaUpload en EEUU. Eso supone, por ejemplo, que la información personal de un usuario europeo esté ahora en manos de las autoridades de un país extranjero que no tiene los estándares de protección que hay en Europa. Además, probablemente tanto la acusación como la defensa solicitarán dictámenes periciales. Hasta que los expertos no acaben con los servidores, estos permanecerán desconectados de internet para no viciar las pruebas. Una situación que podría alargarse más allá de la primera instancia (de nuevo, desconozco los entresijos del derecho procesal estadounidense).

Con esto no pretendo defender a Megaupload, tan sólo poner de manifiesto que, aunque el cierre está bien hecho, se podría haber hecho mejor. Soy consciente de que no ha pasado mucho tiempo todavía, y de que es posible que el FBI establezca algún tipo de protocolo para paliar los perjuicios causados. La asociación de consumidores FACUA ya ha elevado una queja al respecto. Por el momento toca esperar y ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

No quiero dejar de comentar brevemente los inmediatos ataques DOS (denial of service o denegación de servicio) llevados a cabo por Anonymous contra las webs del Departamento de JusticiaUniversal Music, la RIAA, la MPAA o HADOPI, por citar algunas. Este tipo de “represalias” llaman la atención, sí, pero tengo serias dudas sobre su eficacia real.

Cerrado Megaupload, la pregunta surge de forma inevitable: ¿y ahora qué? ¿Va a solucionar esto el problema de las descargas? La respuesta es no. O, mejor dicho, si la industria pretende reducir significativamente el intercambio de archivos tan sólo mediante este tipo de acciones, no lo va a conseguir. Afirmo esto basándome tan sólo en la historia reciente. Desde los cierres de Napster (2001) y Grokster (2005), lejos de desaparecer, las variantes para el intercambio de archivos a través de internet han ido apareciendo sin parar, cada una mejorando el rendimiento y las prestaciones de la anterior:  Kazaa, Piolet, Morpheus, Ares, eDonkey, eMule, BitTorrent, uTorrent, Blubster, Manolito P2P… entre otros. La popularidad de Megaupload y de otros portales de descarga directa se debe a la facilidad de uso: el usuario medio se sentía muy cómodo en un entorno tan familiar como el de su navegador habitual. Pero, aunque mañana se acabase con todos estos portales, hay muchas más maneras de intercambiar archivos mucho más difíciles de perseguir. ¿Lo último? Un híbrido entre Megavideo y BitTorrent.

Pero no todo tienen por qué ser malas noticias para la industria. Como dice Andy Ramos, “es indudable que ahora ha llegado el momento de que proyectos como Filmin o Wuaki demuestren que pueden ofrecer contenido interesante y de calidad a todos aquellos que se han quedado huérfanos y desamparados por el cierre de MegaUpload“. Ciñéndonos a España, hay una enorme demanda de contenido a través de la red que nadie satisface. Negocios como Netflix han demostrado que el público responde cuando se le ofrece un catálogo interminable y sin esperas, y a cambio se le exige un precio razonable. Empezaron con el alquiler a domicilio de películas y series en DVD, pero no dudaron en adaptarse a las nuevas formas de consumo y hoy su negocio es el streaming de vídeo. Su tarifa más popular cuesta 8 dólares al mes, una cantidad (¡oh, sorpresa!) muy similar a la que millones de españoles estaban pagando por cuentas premium en Megaupload. Eso sí, mientras las productoras sigan empeñadas en mantener las ventanas tradicionales de explotación, y unas tarifas de dos a tres veces superiores a otros países de Europa, lo normal es que ese tipo de iniciativas fracasen.

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